5/03/2004
.they stole my humanity
Miré hacia atrás esperando encontrar algún rastro de algo, cualquier cosa.
Fue inútil.
Se lo habían llevado todo.
No había ni un simple vaso o un poco de agua que calmara mi sed.
No había nada.
Caminé alrededor de la habitación.
En el lugar donde estuvieron los muebles ahora sólo había marcas de humedad.
El espejo estaba roto y sucio, sólo podía distinguir parte de mi rostro.
La peor parte.
Seguí buscando por unos minutos.
Bajo una caja que tal vez olvidaron estaba la mitad de una taza.
La recogí, la limpié y la sostuve por un rato.
Un cigarrillo estaba cerca de la puerta, aún hechaba humo; pensé en tomarlo y terminar con él.
No hice nada.
Me senté en el suelo a observar lo que quedaba del lugar, era el reflejo de una batalla perdida.
Y entonces lo noté.
Entre las sábanas manchadas, las cosas destrozadas, la basura esparcida por todas partes y mi media taza blanca noté que faltaba algo.
Lo más importante que había tenido.
Estaba cubierto por papel aluminio y en una caja que a la distancia se confundía con un libro.
Mis recuerdos.
El pasado.
Todo lo que una vez había formado parte de mi estaban ahí.
En esa caja con forma de libro.
Casi pierdo el aliento.
Pensé en buscarla y sólo observé alrededor.
Lo que había quedado no era nada.
Me levanté casi sin fuerzas y con esa estúpida sensación de vacío, de soledad, de tristeza tal vez.
Entonces vacié el contenido de ese pequeño recipiente que había llevado conmigo por todo lo poco que habían dejado, encendí un cerillo y vi como se evaporaba lo último que me quedaba.
Las hojas en cenizas, la tela y la madera también.
Me quedé inmóvil hasta que ya no pude respirar; luego caí y tres días después desperté en una extraña habitación completamente blanca.
No había muerto.
Parecía que aún tenía algo que hacer.
Dejé algo incompleto.
Al día siguiente me hecharon del lugar.
Jamás había estado en un hospital, jamás lo había necesitado.
Vagué por unos cuatro días alrededor de la ciudad, las personas me miraban contínuamente y se alejaban de mi.
No había visto mi reflejo en todo ese tiempo.
No era yo, lo sé porque sé quien soy, o al menos lo supe una vez y ese del que se alejaban, esas manos sucias y ese rostro rígido no podían ser míos.
Un mes después ya había olvidado todo, dormía en las calles y apenas comía.
Un perro caminaba siguiéndome y otros vagabundos trataban de hablarme, de acercarse a mi.
Los veía, escuchaba ruidos, pero no entendí sus palabras, de hecho, no había entendido una sola palabra desde aquel incidente.
Todo estaba perdido, ni siquiera estaba seguro de estar asustado.
Dudaba que fuera posible.
Estaba con hambre y ganas de escribir, de sentarme frente a la ventana con una taza de café y dormir horas y horas sin preocuparme de nada.
Fue frente a un lago, o estanque o algún lugar que tenía demasiada agua donde cerré los ojos y desde el puente donde los turistas se divertían viendo su versión de la ciudad me arrojé al vacío.
Mientras caía, sólo imaginaba mi cuerpo haciéndo contacto con las afiladas rocas de la orilla; partiéndose en pedazos y terminando con el trabajo que alguien dejó incompleto. De nuevo fallé.
Caí directo al agua, el golpe fue tremendo y me rompí ambos brazos.
Aún no sé como pero logré salir; es decir, aún no sé cómo me atreví a hacerlo, no sé que me dió el coraje de salir.
Por unos instantes olvidé lo que había querido hacer y luché por mi vida.
Tardé dos meses en recuperarme por completo.
Entonces cambié mi destino, fui con aquel viejo perro que resultó ser hembra y tenía tres pequeños acompañantes.
Tan desnutridos como yo.
Su mirada buscó mis ojos y al verla en ese lugar, recostada, sufriendo al no poder alimentar a sus crías reí.
No lo había hecho en mucho tiempo.
Me sentí bien; como nunca.
Le arrojé mi abrigo de una forma que la cubriera.
Luego di la vuelta y caminé hacia donde una vez había estado mi hogar.
Justo como lo dejé.
Completamente destrozado por el fuego, las paredes casi callendo y pude ver a través del techo todas esas estrellas y la enorme luna que iluminaba mi pocilga.
No sé desde cuando habían regresado los recuerdos, no sé si visité otras ciudades, no sé cómo llegué al mismo sitio.
Al fin pude dormir.
Y lo hice por varios días.
Al despertar estaba débil, sagre seca adornaba mi rostro y mi cuerpo no era más que un montón de huesos que luchaban por moverse.
Como pude me levanté, caminé hacia la puerta y con sólo tocarla se vino abajo.
Tuve que caminar para recuperar la estabilidad, para darle de nuevo energía a mi demacrado cuerpo.
Busqué comida.
Al regresar a mi oscuro agujero pude distinguir lo que quedaba del espejo.
Me acerqué con cuidado.
He de aceptar que temía ver lo que ahí se iba a reflejar.
Era un tipo muy desagradable, con cabello descuidado y barba sin afeitar desde hacía quién-sabe-cuanto-tiempo, sus dientes tan sucios que asemejaban granos de elote podridos, sus ojos tristes.
Me horroricé al descubir que ese era yo.
Al fin era alguien más.
Lo que sucedió después no tiene la menor importancia.
Todo dejó de importarme desde ese momento.
Fue también cuando noté que mi ropa estaba desgarrada y no tenía zapatos, mis uñas sangraban y... para qué perder el tiempo en describirles mi situación, vagué por unos días y luego desaparecí.
Nunca más volví a ese lugar.
Me alejé de todo lo que me pudiera acarrear algún recuerdo, aunque de vez en cuando me detengo y maldigo a aquellos que se llevaron mi humanidad.-
escrito por tazerk a las 02:49 |
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