13/03/2004
.más cursilería
...y a veces quisiera matarte, arrancar tus ligeras alas y observar como te arrastras hasta morir. Es lo que mereces, es lo que te haría sólo por disfrutar de tu dolor tal como tu disfrutas de... bah, mencionarlo sería inútil.
Cierro los ojos mientras nadie está cerca, trato de pensar en algo y de repente tu imagen llega y ya no es lo mismo, tenía razón D. al decir que el tiempo es tu mejor amigo si le dejas participar en tus juegos.
D. pregunta por lo que ha pasado, por lo que estoy logrando. La miro a los ojos y sonriendo le respondo que no tengo idea, luego veo (una vez más) la nota que recibí y vuelvo a sonreir. No, no tengo idea de a dónde quiero llegar.
Pasa un momento y hago un recuento de las horas anteriores a esta conversación, reconsidero la opción de volver a rodearme de aquellos que me alejaron del lugar a donde me dirigía sin siquiera notarlo. D. con un ligero golpe en la cabeza me dice que no es buena idea y logra calmar el ambiente de tensión que se sentía.
Los intrusos se van, las puertas se cierran y estamos frente a frente en su habitación. Le digo lo acostumbrado, escuchamos un disco y cierro los ojos mientras me cuenta una historia que ya conozco.
Quise recostarme y sentir algunas caricias, luego recordé que no quería estar ahí, no todavía y no con el peso que aún tengo que cargar. No luché contra ti, tampoco contigo, sólo me levanté porque no quería que se repitiera la historia, me acerqué a la ventana y no dije nada por un rato.
La música seguía y cada vez parecía ser más fuerte. Ninguno de los dos hablaba. Ocasionalmente nos mirábamos y a veces sonreíamos. Otras no.
Te levantaste y al acercarte murmuraste algo que no repetiré. Quise abrazarte pero controlé mis impulsos. También quise salir corriendo del lugar, saltar por la ventana tal vez. Huir. Tampoco lo hice, te enfrenté tal como lo hubiera hecho en otros tiempos.
Cuanta razón tenías cuando hablaste con todo ese odio transformado en violencia y abriste mis ojos de mala gana. No lo agradecí, quise maldecirte, destrozaste mis esperanzas en menos de 5 minutos donde no paraste de hablar. Te dije demasiado, te entrometiste demasiado y entonces sabías lo que nadie debería saber.
El tiempo se terminó y debía volver a mi hogar, a mi cotidianidad, al mundo que tanto desprecio. Pensé en despedirme como la última vez que estuve ahí, en ese lugar prohibido donde nadie, nadie interviene, donde la música suena a un volúmen envidiable y a nadie le importa. No lo hice, tomé tu mano derecha; te acerqué a mi y besé tu mejilla; después dije hasta luego y salí caminando llevando conmigo lo poco que no habías destruído.-
escrito por tazerk a las 14:59 |
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