5/04/2004
.una historia que habla de ti
Volvamos a empezar. Me pregunto si valdrá la pena abrir una vieja herida -de nuevo-. Hace más de un mes y hasta hoy respondo con seguridad. No.
Hubiera querido hacerlo, tomar el mismo instrumento y rasgar profundamente. D dice que no valdría la pena, de cualquier forma ahora es demasiado tarde, un vago recuerdo de una vida perdida.
Pongámoslo así; aquel día morí de nuevo, renací y anduve como pude, me levanté y alguien me tiró otra vez, con tal maestría que quedé asombrado. Luego desapareció y la historia volvía a ser la misma. Con un final tan similar que burlarme de mi era la única forma de sobrellevarlo...
Y hoy no sé que decir, sigo sin poder levantarme y con la mirada perdida escribiendo algo que no sé como terminar.
Hace tanto tiempo simulé ser feliz, simulé tenerlo todo, fue tan buena mi actuación que terminé creyéndolo y cuando desapareció todo aquello que nunca fue real me sentí desnudo y totalmente desubicado. Ahora puedo cubrirme o esconderme, pero todavía no sé hacia dónde ir.
Me gustaría apagar la luz, bajar el volumen de la música y ahogarme en el pasado. Despertar y encontrarme con que nada hay de extraño en este lugar, con que alguien está a mi lado descansando. Como aquel día, sin duda el más confuso de mi vida.
Toqué tu cabello y te admiré durante los cinco o seis segundos que tardaste en despertar, te di un beso y para qué relatar lo demás. Fue confuso, fue grandioso, fue la mejor navidad que he tenido hasta el día de hoy.
Era el peor lugar y sin embargo único, no mentiré -ya lo sabes-, la comida era un asco, el lugar tétrico, pero no importó para ninguno de nosotros. Era una mansión porque nadie se atrevería a molestarnos. Todos estaban ocupados en sus propios asuntos.
Y lamenté no poder quedarme, lamenté aún más me descuido y la falta de atención. Tú, con tu dulce sonrisa y tu eterna creatividad, tus locas ideas que venían a romper mis momentos de apatía "Por qué sonríes?" preguntabas "Porque estoy contigo" nunca contesté.
Tus fotografías no me acompañan, jamás las he vuelto a ver, las oculté en un cajón, sé dónde están y no iré por ellas. Sólo las vi tres veces, sobretodo esa donde estábamos juntos, donde tu cabello no dejaba ver tu rostro, y yo estaba de espalda. Sin duda mi favorita.
Sabías tanto de mi que por momentos tuve miedo, miedo a acostumbrarme a tu presencia, a dejar de escuchar tu voz, a que seguirte con la mirada desde la cama hasta el tocador no volviera a repetirse.
Era un estúpido y aún lo soy, sólo que nunca pude aceptarlo hasta que se apagó la última luz y entoces me quedé parado, observando como te ibas alejando de mi, camine en sentido contrario un par de cuadras y luego quise alcanzarte, llevarte conmigo... era demasiado tarde, la calle estaba vacía y no haría ninguna llamada.
No recuerdo que sucedió después, decidí olvidarlo, caminé por horas, no regresé sino hasta el siguiente día.
De nuevo en el mismo lugar, en mi habitación, la que jamás conociste. Cuántas veces quise llegar y ver que me esperabas en la puerta, junto al árbol y con una gran sonrisa. Nunca sucedió.
Haciendo variaciones temporales recuerdo cosas que no vienen al caso y me odio un eterno minuto en el que tanto me costó decir... lo que no repetiré. Sabes, jamás lo he vuelto a decir, quizás jamás lo sentí de nuevo y eso me trajo a este lugar, donde, sin pensarlo me atreví a recordar, donde tu llamada hizo que descubriera que aunque quería verte de nuevo lo mejor era no hacerlo.
Hace un mes o dos recorrí algunas calles que conocí contigo, visité lugares a los que me llevaste y no mentiré, quise que estuvieras ahí, conmigo, como en los viejos tiempos, no sabía que estabas tan lejos, y yo esperando cruzarme contigo en algún lugar, deseando que la casualidad jugara conmigo.
La noche en ese hotel fue tan vacía, llena de recuerdos e ilusiones, esperaba que, como aquella vez, después de despedirte, regresaras para recibirte con un abrazo e invitarte a pasar, o salir a vagar con tus recuerdos y... hoy son pocas las historias que recuerdo de tu vida, quizás debí poner más atención.
Un día, no recuerdo la razón, dijiste algo que hasta hoy sigue haciendo eco en mis recuerdos, fue tan simple como significativo y ese "cuando tu vas yo ya vengo" me sigue atormentando algunos días, me obliga a recordar mi estupidez.
Hoy tampoco visto de negro ni mi cabello es como el de un x-men, tampoco llevo aquellas botas, lo único que conservo es un cinto, aún no lo he remplazado, no sé la razón, no tengo ninguna, no es un recuerdo es sólo un objeto que sigue conmigo como el hambre al desposeído.
Ya olvidé cuál era el sentido de todo este relato, siguen llegando los recuerdos pero creo que ya no quiero escribir, sabes, aún soy pésimo hablando, pero me he acostumbrado a llevar siempre algo con que escribir y hacerlo en todo momento, sabes, a nadie le he escrito tantos poemas sin conclusión, sabes, me hubiera gustado despedirme de ti, sabes, ahora sé la respuesta; siempre ha sido sí.-
Ligeramente modificado de su versión cuaderno-de-3/4
escrito por tazerk a las 08:55 |
|
