1/06/2005
.y soñé que era un crítico
Encontré en mi libreta de notas un recado de apenas hace algunas horas. Decía así:
nota: hablar de esto.No recuerdo de qué debía "hablar", quizá de la absurda presentación de un farsante-lava-cerebros y los cientos de asistenes que vitoreaban sus estupideces mientras algún otro admiraba la combinación de luces y el efecto rojizo que producía sombras irresistibles y flamas danzantes que ocasionalmente cedían a la fuerza del viento y se extinguían.
Tal vez quería criticar el oportunismo de los reporteros que, en busca de una buena nota donde destacarían el lleno total de una sala en la que representaciones de cultura real (entendiendo por real aquellos intentos pretenciosos o no de culturizar un poco más a este estado insignificante) apenas llegan a la mitad de asistentes, se acercaban a los pequeños idiotas para sacarles palabras de asombro ante las tremendas tonterías que su intelecto en desarrollo aún no es capaz de percibir.
Es posible que estuviera celoso de que hayan hecho que reservara mi opinión, la cual gustosamente, sin titubeos y ante el micrófono hubiera expresado de la siguiente manera:
—¿Qué le parece el espectáculo? ella preguntaría.
—Es —diría yo— excelente para niños y adolescentes en busca de un prototipo que ejemplifique en lo que no deben llegar a convertirse o si están formándose apenas un criterio de lo que entretenimiento significa, pero para aquellos que casualmente estamos aquí es una verdadera basura e incluso, si se es demasiado exigente, una falta de respeto a la inteligencia de los asistentes. Ahora que también debo mencionar que jamás pagaría $200 por ver algo como esto, antes los donaría a la cruz roja o alguna otra institución necesitada. No me importaría perderlos en la calle u olvidarlos en el transporte público, cualquier cosa menos esto.
Ella, la entrevistadora, sorprendida y tal vez molesta continuaría con un cuestionamiento donde tuviera que explicarle por qué estar en la hilera P asiento 1, a lo que con una amplia sonrisa contestaría: "entiende chica del micrófono, un ofrecimiento como el que se me hizo para que terminara en este asiento no se rechaza".
Probablemente mi participación no dejaría satisfecha a la entrevistadora y mucho menos sería transmitida en horario estelar, inclusive sería objeto de múltiples acusaciones e interpretaciones erradas, de cualquier manera yo me iría a dormir tranquilamente olvidando por completo todo aquello en pocos días.
Otra posiblidad es que me sentía obligado a decir algo puesto que mi asistencia al lugar fue de imprevisto, gratuita y producto de la más sutil sugestión a la que ingénuamente cedí, donde, como diría algún sociólogo, asistí motivado por intereses secundarios del tipo sexual. El caso es que estuve allí, retorciéndome en el asiento en busca de una posición cómoda que me permitiera descansar sin llegar a la exageración que, al final, fue inevitable.
Entonces, recostado sobre un sillón (aunque por momentos hubiese preferido reposar sobre las escaleras) escuché y vi a un individuo ridículo hablar sobre temas aún más ridículos y a cientos de personas similares a él aplaudiendo mientras con comentarios en apariencia sinceros afirmaban que además de un gran conferencista era un excelente escritor. Después de recumperarme del impácto de comentarios como el anterior pensé: en fin, este es México, el lugar donde cualquier imbécil puede hacerse famoso. Tal vez debo estar haciendo algo mal.-
Etiquetas: notas
escrito por tazerk a las 23:46 |
|
