3/06/2005
.de las lecturas y la ignorancia
Uno se la pasa diciendo que no tiene oportunidades, que la vida es injusta o se vale de cualquier pretexto para justificarse ante cualquier situación. Recuerdo que durante una larga temporada abandoné completamente la lectura de recreación y mi pretexto, incluso hoy, me sigue pareciendo adecuado, al menos honesto. Este consistía en excusarme por la simple razón de que luego de terminar de leer cualquier libro no podía evitar sentir esa sensación de emular en dos o tres textos de mi autoría el estilo de aquel personaje, lo hacía no para apropiarme de él, sino para comprobar qué tanto podría asemejarme a la persona en cuestión. Dejé de hacerlo cuando dejó de ser divertido.
Ahora tengo la costumbre de preguntarle a la gente, como otra especie de juego, cuál es el estilo con el que puede comparárseme, a quién pertenece, o si acaso, en un tono irónico, la unión desordenada que seguramente provoqué terminó por fusionarse logrando algo único e inentendible o aburrido o sarcásticamente original.
Este riesgo, el de querer compararse, porque prestarse a las comparaciones siempre es un riesgo, innecesario, pero implica disgustos agri-dulces o desilusiones auto-provocadas, es necesario cuando no hay nada más de qué hablar y se encuentra uno en alguna situación comprometedora.
Por ejemplo hace algunos años un conocido, al verme llegar a una reunión con un libro en el bolsillo trasero del pantalón de todos los días, me preguntó si acaso era un lector de esos que se pasan la vida leyendo para ser más sabios, le contesté alguna tontería y la conversación siguió hasta que tuve que explicarle que ni siquiera podría considerarme un lector de buen nivel.
Comencé con esto de la lectura no-obligada ya tarde, quizá en la preparatoria o el último año en la secundaria, con un libro que compré como lo hacen los curiosos o inexpertos, atraído por la portada. Me impresionó bastante y cuando lo recuerdo maldigo a aquella persona que me despojó de mi primer libro comprado con los ahorros de toda una semana en la que evité gastar más de lo necesario.
Aquel libro-tipo-biblia (por el número de hojas claro está) era la segunda parte de un total de 5 ó más tomos, no fue necesario tener el primero para comprender la totalidad de la historia y mucho menos prepararme un poco más como cuando decidí leer a Nietzsche por primera vez. Con un rápido recuento es fácil darse cuenta del por qué aún me limito a clasificar todo lo que leo, como aquel ruso, entre bueno y malo según me haya gustado o no.
—Entonces, —preguntó el conocido— ¿por qué ahora cuando te hablo de casi cualquier personaje lo conoces y hasta te crees capaz de juzgar si es basura o no? Digo, —continúa aquel—, mi primer libro lo leí en el sexto grado de la primaria, fue el principito, y aunque inicié joven no me atrevo a juzgar las obras de otras personas, se debe tener experiencia para hacerlo.
—No, —le contesto—, no se trata de experiencia, sino de criterio, puedes pasarte la vida realizando algo y jamás atreverte a hablar de ello cuestionándote si vale la pena o no. El principito lo leí apenas hace uno o dos años y, aunque no desconfío de las capacidades de un pre-adolescente, creo que en esa etapa no se comprende como debería, igual es entretenido a cualquier edad, sólo que, por citar otro ejemplo, ahora no me detengo a analizar los grandes clásicos como un erudito porque supuestamente deba conocerlos, sino que los reviso pausadamente y si en el proceso encuentro algún cuento infantil nada me impide botar todo lo anterior y concentrarme en el nuevo descubrimiento. Ahí está la respuesta a tu pregunta, comencé tarde, es cierto, también es verdad que no seguí alguna fórmula, simplemente andaba por ahí secuestrando en bibliotecas ejemplares repetidos, o no, de cualquier texto que pareciese interesante. Tengo demasiado tiempo libre, más que el de un ser humano común, entonces, basándote en esto y sólo en lo anterior es fácil darte cuenta del por qué he llegado a conocer al menos el libro más popular del escritor que te atrevas a mencionar.
La respuesta que le di, aunque poco elaborada y bastante pretenciosa sirvió de excusa para que aquel tipo dejara de molestar en las múltiples ocasiones que me encontré con él, por accidente o compromiso, llevando en el bolsillo trasero del pantalón de todos los días un libro que hablara sobre cualquier cosa.-
Etiquetas: notas
escrito por tazerk a las 01:14 |
|
