27/06/2005 

.historias
Las reseñas de los viajes ya no me parecen tan divertidas como antes, luego por lo que se comenta de aquel lado no hay evidencia fotográfica, así que lo único que tengo son las historias que necesitaba y mi traicionera memoria para relatar no lo que sucedió en estos días, sino lo que me contaron de los anteriores.

La relatora, una mujer de avanzada edad, testigo de numerosos acontecimientos, se movía por toda la cocina detallando sus historias. —Fue cuando era una chiquilla —dice mientras con sus manos señala la altura que seguramente tuvo en ese entonces—, el muchacho ése era un típico borracho de los que quieren rematar con el que se les pone enfrente. Esa tarde fue su madre la que intentó hacerlo entrar en razón, Marcos la arrojó al piso y comenzó a patearla. La mujer se levantó y enojada lo maldijo, le gritó «hijo de la chingada te va a tragar la tierra por pegarle a tu madre» y eso mismo fue lo que pasó. Yo y todos los que estábamos ahí vimos por la ventana cómo se hundía poco a poco en el piso. Él gritaba que alguien le estaba mordiendo los pies desde abajo y que sentía que se quemaba, la mamá nomás lo veía diciéndole «ándele cabrón» y se frotaba los lugares donde Marcos la había pateado. Alguno de los que andábamos de chismosos viendo eso fue a decirle al señor cura y cuando llegó quiso sacarlo y no pudo, le dijo a doña Gertrudis —nombre de la mamá del muchacho— que sólo si ella lo perdonaba lo podrían sacar. Marcos ya se había hundido casi hasta el cuello, nomás tenía los brazos y la cabeza afuera para detenerse. La señora no quería perdonarlo y el mismo cura tuvo que hincársele para pedirle que lo perdonara porque si no seguro que se lo tragaba la tierra. Gertrudis le dijo al padre que se levantara, que no había razón para que él se humillara así por su hijo, «lo perdono nomás porque usted me lo pide, pero que no me vuelva a hablar nunca más ese cabrón», luego le echaron agua bendita y el padre intentó sacarlo otra vez y no pudo, le pidió ayuda a Gertrudis y cada quién lo sujetó de un brazo y sólo así se salió del condenado agujero. Hasta la fecha no se ha podido cerrar ese hoyo, cada vez que lo tapan vuelve a hundirse, por lo mismo la casa estuvo abandonada muchos años, no sé quién viva allá ahorita pero el hijo se fue porque la mamá no volvió a dirigirle la palabra. Esto que te digo no es mentira ni invenciones mías, yo misma vi desde la ventana cómo estaba el Marcos gritando que lo perdonaran y la señora necia con que no lo iba perdonar nunca.

Me gustan mucho las historias de los pueblos. Hay otras cuatro, relatadas por la misma persona cuyo nombre no recuerdo, que quizá mañana o el día siguiente transcriba porque me parecen divertidas y nada más.-

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escrito por tazerk a las 00:34 | email | mensaje