30/06/2005 

.estupideces
Hoy no tenía nada que decir, así que busqué entre los archivos perdidos y encontré una novela incompleta que hace diez u once meses llegó por accidente a mis manos. De su autora no puedo decir demasiado, sólo que la conozco como se puede conocer a alguien que se ve cotidianamente sin cruzar más de diez palabras. El escrito en cuestión no lleva título, lo que me hace suponer que se trata de un borrador, de ser así hay demasiados detalles por pulir, y no es que yo sea precisamente un crack en lo que a gramática se refiere, sólo que si pude notar tan insignificantes detalles para mis limitados conocimientos sobre el tema, seguramente que un experto vomitará al escudriñarla por completo.

En fin, dejemos de lado la gramática, la ortografía y la pésima selección de personajes para centrarnos en la historia. Con la sugerente narración de los acontecimientos no se necesita especificar que son basados en hechos reales, los personajes que aparecen repentinamente y sin ningún propósito no son producto de la casualidad, como pudiera pensarse, son referencias necesarias para cuando aquellos lleguen a leer la obra final se sientan identificados, como aquel del que sólo se menciona su casa y nada más.

La historia relata, con detalles que hubiera preferido no conocer, los tropiezos amorosos de una chica común y corriente a quien la incansable lectura le ha dejado un notable talento para la redacción. Entonces como una muestra de sus impresionantes capacidades decidió describir un doloroso capítulo de su vida.

La primera vez que abrí el documento, es decir cuando lo recibí, no pude pasar del segundo párrafo sin sentirme ofendido ante la ligereza de las palabras. Quizá es muy aventurada esta asimilación, después de todo lo mismo sentí cuando leí por primera vez a aquel imbécil al que los docentes siguen recomendando afanosamente a sus alumnos de nivel básico y, en un descuido, medio superior y que no hace más que decir estupideces y sigue entre los favoritos de la juventud mexicana. El éxito está en decir estupideces y de ser así acabo de leer el borrador del próximo best seller. Será una sensación entre los idiotas.

Mientras pasaban las páginas comencé a formarme distintos cuestionamientos sobre el proceso mental de los individuos. Las 22 páginas de times new roman número 12 con interlineado sencillo que completaban esta primera parte de tan empalagosa novela describen todo aquello que no tolero en una persona. No es la vulgaridad, tampoco las distintas emociones que abundan en las sociedades y que somos incapaces de esquivar. Supongo que hay múltiples maneras de abordar las situaciones amorosas, me gustaría suponer también que cuando se escribió todo lo de esta obra inconclusa su autora tenía entre 12 y 15 años, pero en la primera línea confiesa que se realizó apenas pocos meses antes de que la recibiera.

Si hago un intento por rescatar el tiempo perdido puedo argumentar a su favor que es una manera de entrar en el cerebro de una persona común y corriente, debido a que podría tratarse de cualquiera de esos individuos que caminan a un mismo paso con vestimentas iguales y rostros con la mirada perdida en los ojos del otro. Le llaman enamoramiento, yo le digo pérdida de voluntad. Igual resulta interesante no por el contenido, sino por el extraño morbo que provoca el interés por conocer cómo construye sus planteamientos una persona que mi vecino define como normal.

El personaje principal, o sea la autora de este invaluable estudio psicosocial, no duda en exponer cómo surge la respuesta a una pregunta que sugiere un enlace que va más allá de la amistad entre dos personas de distinto sexo que se conocen por casualidad, explica con todos los detalles y movimientos faciales que sus palabras fueron cuidadosamente planeadas y no una respuesta rápida para salir de una situación comprometedora.

No seguiré relatando los trágicos momentos que tiene que librar la protagonista, no por consideración a su autora, sino porque una pérdida de tiempo fue leerlo, otra aún mayor debe ser reseñar el contenido que sin embargo ya comencé, aunque dudándolo en repetidas ocasiones, y que espero haber detenido a tiempo. Es patético criticar de tal manera la obra inconclusa de otra persona, ¿pero entonces que me motivó a hacer semejante bajeza? La respuesta se encuentra en las primeras líneas de este burdo intento-de-reseña.

La verdad es que nunca aprendí bien aquello de que si no hay nada bueno por decir lo mejor es guardar silencio.-

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escrito por tazerk a las 03:31 | email | mensaje