30/09/2005 

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(inútil leerlo)
Tengo un millón de palabras que se rehúsan a salir. Otros cientos de explicaciones a cualquier cosa... y hasta una disculpa por algo de lo que no estoy seguro.

K. dice que valió la pena, lo usual es que yo se lo diga luego de que comete alguna de sus tonterías, ahora es nuestro placebo, «valió la pena», dice y me da una palmada en la espalda. Todo cambió hace tanto tiempo que en cualquier instante nos tratamos como amigos, pero me odia cada sábado, dice que es inevitable, debe hacerlo, se siente obligada porque el ayer le indica que es lo mejor. Nada es mejor.

Habían servido el desayuno, no me gusta tener algo en el estómago antes de las 15hrs., pero tenía que estar ahí por ser el único lugar y momento disponibles de este día.

—Entonces... —dijo K. e hizo una pausa cuando se acercó la mesera— no, no quiero preguntar nada.
—Es extraño. No sé por dónde comenzar o si quiero hacerlo.
—Quieres hacerlo, lo sé porque estás aquí incluso cuando sabes que arriesgas demasiado.
—Arriesgar... —tomé un tenedor y comencé a clavarlo en lo que estaba sobre mi plato— no arriesgo nada, sólo me aprovecho de mi suerte.
—Lo dices con demasiada seguridad.
—Porque así es.
—Y bien...
—No lo sé. Preferiría ignorar algunas cosas, ya sabes, como al resto de las personas a veces se me ocurre que sería excelente algo con lo que pudieras borrar ciertas cosas de la memoria.
—La psicología tiene algo para eso.
—Una máquina borra momentos, seguro compraría una.
—Eso es estúpido.
—Algunas veces también lo soy.
—¿Cómo haces para estar en la cima y luego a punto de caer?
—No hago nada, sucede de manera involuntaria, como respirar. Me agradaría dormir y olvidarme de ello, quizá solucionaría un par de cosas.
—Ciclos otra vez.
—Ciclos otra vez, nunca se detienen ni tengo algún control sobre ellos. Ni siquiera puedo controlar mis manos, hacen lo que quieren sin consultarme antes.
—¿Y de esto querías hablar?
—No, pero el resto no sé cómo abordarlo.
—Deja de pensarlo tanto y habla...

Y hablé por horas sobre lo mismo, entonces comenzó a llover y la plática se detuvo, una nueva mesera se acercó a cambiar de cenicero y nos quedamos a observar a los coches y la gente sin decir nada.

—Ahora me siento enfermo. —dije finalmente.
—¿Por la comida?
—Por todo.

Salimos, caminamos hasta el lugar de los árboles y fuentes y me llamó la atención por caminar sobre algunos charcos.

—Me agradó la historia, pero no dejo de preguntarme cuánto de lo que dijiste fue real.
—Me pregunté lo mismo ayer y lo sabía. Hoy no sé nada.
—No te preocupes, valió la pena.

Valió la pena, lo pienso y le dirijo una sonrisa que significa que es hora de irnos, luego me convenzo de que así fue.-

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escrito por tazerk a las 15:20 | email | mensaje