11/11/2005 

.historia inconclusa
(u otro estúpido cuento que te hará perder el tiempo)

—Richard es un maldito parásito —dijo con tono agresivo Marianne— vive a expensas de los demás, ellos no lo necesitan y él tampoco necesita nada de ellos, sólo que es demasiado estúpido para darse cuenta.
—¿Por qué no se lo dices? —Preguntó Marvin sin dejar de oprimir, en su vieja máquina de escribir, las letras que formarían el título de su próxima novela.
—Porque no me escucharía —contestó ella y sacó de su abrigo una carta—. Mira, me envía una cada semana, todas dicen lo mismo, que es nada, sólo un cúmulo de letras con palabras de significado vacío. En cada una dice expresar sus sentimientos por mí, luego las termina asegurando que será la última vez que me escribe... pero miente. Dejé de contestar sus cartas hace meses, pero siguen llegando. Esta vez no la abriré, la arrojaré al fuego y así será cada que aparezca una debajo de mi puerta.
—¿Puedo leerla? —Dijo Marvin.
—¿Por qué te interesaría hacerlo?
—Nada en particular, sólo siento curiosidad.
—¿Curiosidad? ¿Sientes compasión por él?
—No, creo que podría entenderlo, incluso me parece un tipo agradable.
—¿Has hablado con él?
—En un par de ocasiones. Algo extraño sucede en su cabeza.
—Está loco.
—¿Loco? No lo creo, sólo está desesperado, quizá un poco aburrido.
—No seas tan condescendiente, unas cuantas conversaciones no dicen demasiado de alguien, estuve con él dos años, ¿entiendes? Dos años soporté su maldita paranoia y sus incompresibles monólogos sobra cualquier idiotez.
—¿Me dejarás leerla?
—Está bien, pero no menciones nada de lo que en ella encuentres.

Marianne le entregó el sobre a Marvin, éste lo abrió al instante, leyó la carta con singular interés y cambió la expresión de su rostro, parecía atemorizado más que sorprendido.

—¿Qué te pasa? —Preguntó Marianne.
—Es... —Marvin contuvo la respiración un momento y continuó— nada. —Se levantó de su lugar, tomó su abrigo y antes de abrir la puerta se volvió hacia Marianne para avisarle que no esperara su regreso esa noche.

Marvin se retiró, abordó un taxi y durante su trayecto repasaba lo escrito en aquella carta. «Espero sea una broma», pensó «si lo es, no habrá valido la pena este viaje, de lo contrario... espero sea una broma».

El taxi se detuvo junto a un conocido parque del lado oeste de la ciudad, Marvin había decidido caminar desde allí hasta los edificios que se encontraban al cruzarlo. Cuando se encontró frente a ellos repitió para sí mismo la dirección: C-19. «Debe ser aquí» murmuró mientras recorría el pasillo del tercer piso y comenzó a debatirse, una vez más, entre continuar o retirarse.

—He llegado hasta aquí —dijo en voz alta— sería torpe abandonarlo ahora. —Apenas alzó su brazo con la intención de tocar la puerta cuando ésta se abrió de súbito.
—Pasa —dijo amablemente Richard y se hizo a un lado.
—¿Entonces todo fue una broma? —Preguntó Marvin.
—Claro que no, sólo necesitaba espectadores.
Marvin lo observó dubitativo y al entrar confirmó sus sospechas... después de todo Richard quizá sí estaba loco.-

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escrito por tazerk a las 12:41 | email | mensaje