18/04/2006 

.inestable
—¡Seré la mejor pintora del mundo! —Gritó ilusionada A. al recibir sus primeras acuarelas y sus trece lienzos.
—No me importa que termines vendiendo tus cuadros en alguna plaza pública o con una exposición en Francia o Manhattan donde cobren 50 dólares la entrada, me importa que tu optimismo perdure y que no me abandones —dijo M., un hombre de 53 años de edad que había renunciado a su familia por seguir a una chica de trasero firme.
—Nunca te abandonaré —dijo ella al guardar sus regalos en el tercer cajón de su ropero— mañana comenzaré a pintar, haré un retrato de ti.
—Oh, vamos, déjate de juegos, no pierdas el tiempo en tonterías, dibuja a la sirvienta o a tu madre. No a mí. Además, sabes que odio los retratos, dime, ¿alguna vez has visto una fotografía en esta casa donde aparezca yo?
—Ahora que lo mencionas.. no, nunca. Sólo hay algunas mujeres y unas cuantas mascotas. Perros, ¡sí! ¡Perros por todas partes! Pareces estar obsesionado con ellos.
—Odio a los perros. Son una basura, incluso he llegado a creer que son peores que las personas.
—Oh M., por favor, no sigas, no estoy de humor para otra de tus rabietas sobre las personas y el mundo. Mejor háblame de los perros.
—Está bien. Los odio porque son estúpidos, por su mirada triste, pero ante todo los detesto porque de ellos es la culpa de que a mis 53 años esté en esta condición, atado a una silla que me impide recorrer las calles con tranquilidad o suicidarme con un poco de dignidad.
—¿Suicidarte? Vaya, no te entiendo. Siempre pareces tan feliz.
—Y tú siempre pareces tan audaz, pero sólo eres una niña idiota que se deja seducir por cualquier patán.
—Pero tú no eres un patán.
—Claro que lo soy, de lo contrario no estaría contigo, sino que a tu lado tendrías a un joven emprendedor que te colmaría de estupideces más necesarias de las que te brindo.
—¿De qué estás hablando?
—De lo absurdo que resulta tenerte a mi lado.
—¿M. qué significa todo esto?
—Que quiero que te vayas.
—¿Qué? Pero si acabas de decirme que no quieres que te abandone.
—Así es, no quiero, pero sé que lo harás, quizá no hoy ni mañana, pero, ¿para qué esperar? Acabemos con el drama de una buena vez, toma tus cosas y lárgate.
—¿Así nada más?
—Puedes llevarte un recuerdo, toma lo que quieras, no me importa.

A la mañana siguiente A. había desaparecido, sus pinceles, lienzos y acuarelas también, pero no sólo eso, sino que M. descubrió, al intentar levantarse, que su inseparable silla también se había ido.

—¡Maldita! —gritó— ¡Eres una maldita!

Pero ahora ya no había nadie que lo escuchara y tendría que arrastrarse hacia el teléfono y solicitar ayuda, o podría quedarse en su sitio hasta que la muerte lo alcanzara, M. tomó su decisión. Por otro lado, la suerte de A. fue todo un misterio.-

Etiquetas:

 
escrito por tazerk a las 00:58 | email | mensaje