22/06/2006 

.declaraciones matutinas
—Me había quedado sin palabras a la mitad de un discurso. Los espectadores, ansiosos, comenzaron a lanzar miradas especulantes, burlonas, idiotas. Olvidé el tema de la conversación y pasé los siguientes quince minutos dibujando árboles imaginarios en una hoja de las mismas características —explicó H. sin ver a su compañera.
—Extraño la lluvia —dijo M., sin prestarle atención a las palabras que con dificultad disimulada articulaba H..
—Sueño con hoteles desocupados y conductores de algún transporte colectivo que arrollan pasajeros al azar; aparatos eléctricos que funcionan sin estar conectados a nada, que alteran y envuelven todo lo que (no) tocan. Despierto. La habitación luce tan triste con la televisión apagada y los números anaranjados, palpitantes, mostrando la hora de un país desconocido... por eso la enciendo y, sin mirarla, cambio de canal cada tres o cinco minutos. Abro la ventana para que los insectos entren, desesperados, buscando un poco de luz donde descansar. Algunos deciden atacarme y me defiendo cuando mis brazos deciden levantarse, cuando no, los dejo rondar por mi rostro hasta que se aburren. Me aburro con ellos o por ellos. Evito las conversaciones largas y a la gente. Miento con mayor frecuencia y por ninguna razón —H. hizo una pausa que describe como "dramática" porque mantiene el interés en quien lo escucha. M. no alcanzó a notarla y continuó hablando de la lluvia:
—Cuando regrese recorreré la ciudad sin calzado, girando cada veinte segundos. Haciendo barcos de papel...
—Lo único que me mantiene a salvo es tener en cuenta esta tragedia telenovelesca. No lo sé, da cierta seguridad.
—...nadaré por todas partes disfrazada de sardina y reiré siempre que pueda.

Pasó el tiempo, ambos se quedaron en silencio, observándose, simulando que se complementaban o eran uno solo. Las personas suelen ser extrañas cuando no tienen nada qué hacer.-

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escrito por tazerk a las 04:43 | email | mensaje