6/11/2006
.los excluidos (o ingenio enmohecido parte dos)
La televisión anuncia que han detenido a otro grupo de inmigrantes sudamericanos que intentaron cruzar la frontera mexicana con la esperanza de llegar al país del norte donde todos sus sueños se verían realizados. La apago y tomo un periódico de algún año que no es este. No me molesto por revisarlo. Lo abro al azar, el encabezado dice: El porcentaje de suicidios se ha incrementado en un 15% con respecto al año pasado. Abajo, con letras más pequeñas: Ahorcamiento, el método más frecuente. Lo cierro e intento pensar en otra cosa.
Exilio es la primera palabra que ocupa mi mente, por alguna razón semidesconocida la relaciono con los leprosos, aquellos excluidos que eran obligados a señalarse, a portar la vergüenza en el rostro y exhibirse sin remedio. Ahora los exiliados gozan de un sitio preferente en la sociedad. Son modelos a seguir, paradigmas dignos de admiración.
Le han robado su lugar a los leprosos y poseen una notable ventaja, a pesar de ir dejando sus restos por todas partes. Exhibirse es opcional y su demencia es, con bastante frecuencia, una simulación. Ahora se recluyen en cafés populares y no en hospitales abandonados. Se intoxican con literatura barata, se ahogan en sonidos polifónicos y hablan de Brown como si se tratara de Poe. Escriben en paredes, en libretas de bolsillo, en el servicial Word o en servilletas usadas. Escriben. Mucho. Mucho y en secreto. Mientras observan, mientras caminan. Sentados en parques y/o en el transporte colectivo. Escriben, leen, imaginan. Pintan con sangre sueños inventados que admiran hasta desfallecer. Crean. Son artistas.
Indiferentes a todo, a ellos mismos, en lápidas sin epitafios; hambrientos, somnolientos y con un enorme vacío que llenan con ruidos estridentes y carcajadas frenéticas escriben sus padecimientos o sus aventuras. Dibujan, construyen, lloran. Se deshacen. Lectores ávidos, escritores impasibles, pintores elocuentes. Por todas partes, en cualquier alcantarilla, bajo los árboles o encima de un edificio. Todos ellos sometidos por el impulso creador, ese instante inoportuno que aparece en mitad de un sueño placentero, en pleno acto sexual, en la incomodidad de un camión repleto de desconocidos y no puede, ni debe, ignorarse. Dejarlo pasar es un pecado, transgresión pura. Y el castigo —¿acaso podría ser otro?— es su completa aniquilación, pues nunca volverá a presentarse, o al menos no con la misma intensidad.
Ese impulso no es la razón de la que me valgo para divagar sobre lo anterior (tampoco sobre lo que sigue), sólo apareció como parte de un balbuceo frecuente que surge a partir de la ociosidad (también cada vez más habitual) que, la verdad, no conduce hacia un lugar fantástico repleto de seres imaginarios con rostros familiares (que, para variar, es lo que esperaba). Ese instante me es ajeno, no logro manipularlo a mi antojo ni retratarlo en cualquier expresión artística, por eso lo veo pasar y jactarse de su magnificencia.
Una línea —tan sólo quince palabras— de quinientas se convierte(n) en un golpe matutino en el rostro o una tortura que se extiende más allá de lo que cualquiera es capaz de resistir. Pero dejémonos de comparaciones innecesarias (y de balbuceos agitados). El que mi abuela se encierre en su habitación por días y noches enteras a escuchar música, sin hablar con nadie, ajena a cualquier perturbación ("con mis problemas me basta y sobra, por eso no quiero ver a nadie", dice cuando alguien le pide salir), es otro síntoma del enajenamiento repentino causado por cualquier excusa. Se excluye, como tantos, por voluntad propia. Otros prefieren la soledad multitudinaria o el aparente desequilibrio y, de cualquier manera, esto tampoco tiene sentido y sin ese sentido ¿de qué otra cosa puede alguien sujetarse cuando la supuesta inspiración se le va de las manos? Lo cierto es que no tengo idea y hoy no alcanzan las suposiciones para ingeniar alguna respuesta. ¿Será que envidio a los exiliados e intento desesperadamente convertirme en uno de ellos? ¿O será, simplemente, que trazo palabras al azar con la esperanza hueca de encontrar en esto mi catarsis?
Sea cualquier cosa (o ninguna), hoy no hay ánimo para respuestas.-
Etiquetas: notas
escrito por tazerk a las 06:39 |
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