7/11/2006 

.[04] confusión
M. despertó a medio día en una habitación monocromática con un extraño a su lado.

—¿Quién diablos eres? —Le dijo con una mirada de espanto y confusión.
—Estaba a punto de preguntar lo mismo. —Le respondió el desconocido rascándose la cabeza.
—Yo vivo aquí, esta es mi cama.
—Bien, eso explica el color rojo de todos los objetos.
—Me agrada ese color, ¿tiene algo de malo?
—Supongo que no, aunque prefiero el blanco.
—Aún no me haz dicho quién eres ni qué haces aquí.
—Mi nombre es H., y no tengo idea de cómo llegué a este lugar, tampoco qué hago o hice aquí. Sólo recuerdo que estaba sentado esperando algo, o a alguien, no estoy seguro. ¿Dónde está mi ropa?
—Debe ser aquella, sobre la silla. ¿Sucedió algo entre nosotros?
—Espero que no, no puedo recordar nada. Pero si acaso algo hubo, deberé reprochármelo a diario.
—¿Porque no lo recuerdas?
—No, porque te encuentras lejos de la idea que tengo sobre una conquista repentina.
—¡Entonces largo de aquí! Que no estoy para lidiar con un idiota.

H. se levantó sin decir nada, mientras se vestía observó a través de un espejo cómo M. entraba a otra habitación.

—¿Qué es ese olor? —Preguntó H.
—Café, ¿quieres un poco?
—Sí, lo necesito.
—¿Tienes cigarrillos?
—Claro, —respondió abotonándose la camisa. Sacó uno, lo encendió y se lo entregó a M.— ¿Por qué aún no te has vestido?
—No planeo salir.
—¿Y sueles pasearte desnuda por aquí?
—Sí, es mi casa, no hay ventanas y tampoco me importa que alguien observe mientras lo hago.
—Interesante.
—¿Te sucede a menudo?
—¿Qué?
—Despertar en habitaciones extrañas sin recordar nada.
—No, es la primera vez.
—¿Y no te causa alguna especie de conflicto?
—Sí, pero prefiero no darle demasiada importancia.
—Eso es evasión.
—Sí, bueno, no importa.

Hubo un largo silencio en el que M. recorría cada rincón en busca de cualquier pista que le ayudara a resolver ese incómodo misterio. H. estaba sentado abrochando sus zapatos y cerciorándose de que sus pertenencias estuvieran completas.

—¿Qué piensas? —dijo luego de notar que su billetera había desaparecido.
—En lo peculiar de esta situación. Recuerdo que conducía hacia mi trabajo y eso es todo. Ahora estoy aquí, contigo, sin saber qué sucedió.
—¡Extraterrestres! —dijo H. levantándose con violencia— ¿Crees en ellos?
—¡Eres un idiota!
—En alguna ocasión leí que este tipo de cosas pasan cuando alguien es abducido por esos seres.
—¿Bebiste acaso?
—No. No lo he hecho desde hace años. ¿Tú?
—Tampoco.

Estaban parados frente a frente, M. sostenía un cigarrillo con su mano derecha, H. una taza de café. Se miraron fijamente buscando respuestas y, al no encontrarlas, decidieron besarse.

—¡Vaya impulso! —dijo M. cuando se separaron.
—Creo que, después de todo, no eres tan mal parecida.
—Pues yo aún creo que eres un idiota.
—Eso está bien, me considero como tal. Luego de escucharlo más de tres veces por día es difícil apartarse de esa idea.
—¿Y qué sigue?
—Podría irme y fingir que nada de esto ocurrió, supongo que no habría problema.
—Es lo mejor.
—¿Has visto mi billetera?
—No.
—Está bien, puedes conservarla, no había nada de valor allí.
—¡Dije que no la he visto! ¿Por qué supones que la tengo?
—Estoy seguro que la llevaba conmigo cuando salí.
—Quizá la perdiste en algún otro lugar... o se la quedaron los extraterrestres como souvenir.
—¿Entonces crees en ellos?
—¡Ja!, sólo estaba siendo sarcástica. Es hora de que te vayas.

H. salió sin despedirse, recorrió algunas calles y comenzó a recordar todo, cada instante le aparecía provocándole ligeros malestares estomacales, pero no le importó, no se detuvo, siguió su recorrido sin mirar atrás, entró a su casa y se recostó en el piso. Comenzó a convulsionarse y vomitó. Se quedó dormido.-

Etiquetas:

 
escrito por tazerk a las 04:06 | email | mensaje