4/12/2006
...
En la cafetería de siempre...
—He estado ingiriendo distintos medicamentos desde hace dos días.
—¿Estás enfermo?
—No sé. Creo que es para prevenir cualquier futuro malestar.
—No es común que te preocupes por tu salud. ¿Pasa algo?
—Supongo que sí. ¿Tienes cigarrillos?
—Escuché que habías dejado de fumar.
—Sólo fue un malentendido.
—¿Por qué siempre vamos a los mismos lugares?
—No conozco muchos.
—Eso no es lo que escuché.
—¿Y desde cuándo le prestas tanta atención a lo que se dice de mí?
—Desde que escuché algunos rumores.
—¿Rumores? Tal vez sean más que eso.
—Sí, bueno, ¿qué sucede?
—Nada.
—Está bien, si no quieres profundizar en temas que te incomodan, por mí no hay problema.
—Siempre hay problemas por cualquier idiotez.
—Es un síntoma común en las personas, hacer más grande cualquier pequeñez. Creo que los hace sentir bien estar en conflicto.
—No, yo creo que lo hacen por molestar.
—Es posible que así sea algunas veces.
—¿Y cómo va todo contigo?
—Sigue igual. Desesperadamente igual.
—Decadencia absoluta, es otro síntoma de esta generación, ¿cierto?
—Me parece haber leído algo al respecto.
—Hace mucho que no leo.
—"No hay nada nuevo en los libros", ¿recuerdas quién dijo eso?
—Algún desquiciado.
—Al menos aún conservas tu sentido del humor.
—Debe haber algo que le impida salir corriendo.
—He escrito algunos poemas, pero no sé si tengan significado.
—¿Por qué?
—Porque no siento nada al escribirlos... o leerlos.
—Tal vez debas incinerarlos y ver si provocan algo. Si el humo cambia de color, si su ausencia te duele, si las palabras perdidas taladran tus oídos.
—¿Y para qué todo eso? ¿No basta con ocultarlos en alguna maleta y encontrarlos por casualidad luego de muchos días?
—Sí, es otra opción.
—Parece que ya es hora de abandonar este lugar.
—Sí, y buscar refugio en la música o en compañía de otros extraños.
—O en libros viejos.
—O en hojas blancas.
—O en habitaciones vacías.
—Ya deja eso de las habitaciones. Cada vez que alguien menciona alguna me indigesto.
—¡Ja! Pero eres tú quien siempre habla de ellas.
—Sí, algún día dejaré de hacerlo.
—No lo hagas, me agrada la ficción.
—No es tan difícil de entender, ¿verdad?
—¿La ficción?
—No, que la mayor parte de esto es mentira.
—Ah, claro. Es cuestión de interpretar un poco.
—No muchos lo hacen.
—Es cuestión de gustos. O ganas, no sé, como acudir a una exposición de arte moderno.
—Como masoquista en un museo de instrumentos de tortura.
—Es la peor analogía que he escuchado.
—Bueno, tengo otras.
—Déjalas para otro día, tengo que irme.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 14:11 |
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