9/12/2006 

.condición humana
En el otoño de 1996, en alguna comunidad mexicana un par de jóvenes arrojaron un gato en llamas por el ventanal de una iglesia. Los parroquianos salieron en busca de los culpables y al encontrarlos los castigaron por su acto de herejía. En Chetumal electrocutan perros callejeros para erradicarlos de las calles, aseguran que es una manera sencilla y eficaz para deshacerse de ellos. En Haití, hace apenas algunos meses, un hombre apaleó, por mero placer, a un perro hasta que su cuerpo, el del apaleador, cedió por el cansancio. En España un joven cortó en dos a un gato con una katana. En Salamanca, Toledo, Valladolid y en algunos otros bosques del país mencionado es común encontrar galgos ahorcados y en estado de descomposición luego de la temporada de caza. Incluso en la ciudad más alejada o de menor población se encuentran, con mucha frecuencia, animales de cualquier especie que son masacrados por diversión o bajo cualquier otro pretexto. Por el resto del mundo se cometen asesinatos similares que rara vez trascienden. Focas en Canadá, delfines en las costas japonesas, gatos y perros en Corea del Sur, osos en China, orangutanes en Tailandia.

Mientras el planeta se desquebraja y diversos grupos ambientalistas alzan la voz, organizan manifestaciones, recolectan firmas, elaboran pancartas con sentencias retadoras y abusan de los medios de información y/o comunicación que, para el caso, da lo mismo, yo subo el volumen de la música, cierro los ojos y pienso si debo continuar robándome los cigarrillos de mi madre. No me preocupo de los animales, ni de las guerras, ni del conflicto oaxaqueño. No me preocupa la biblioteca de Alejandría, Auschwitz o Irak. Prefiero sumergirme en absurdas divagaciones relacionadas con el tabaco y preocuparme por el color de la camisa que usaré el martes. «¿Roja o azul?», le pregunto a K., «roja», responde, «te sienta mejor». Así que me dispongo a vestir de rojo ese día.

Un par de jóvenes que se autodenominan anarquistas están pegando carteles alusivos a las corridas de toros. «Eso es matar por diversión», dice uno «sí, a la mierda con esos salvajes», dice el otro. Luego entran a un bar y colocan sus carteles detrás de una cabina telefónica. «Es la voz de las nuevas generaciones», me dice un anciano que destapa una Coca-Cola™, «necesitan encontrarle sentido a sus vidas y se valen de cualquier artimaña para conseguirlo». Finjo no escucharlo para no responder y le pregunto a K. si debería convertirme en defensor de alguna causa que inspire a otros. Ella me mira y dice «conviértete en gigoló», luego comienza a reír.

«Recuerdo cuando todo esto nos importaba», digo sin saber exactamente por qué, «bah, no nos importaba, sólo queríamos sentirnos parte de algo» dice ella y sé que tiene razón. «Supongo que eso me convierte en un idiota, ¿cierto?» insisto en seguir con una conversación, supongo que la culpa o el aburrimiento me exige hablar de cualquier cosa. «¿Qué te convierte en un idiota, haber formado parte de algo sólo porque no tenías otra cosa que hacer o darte cuenta hasta ahora?», dice ella y yo opto por quedarme callado.

Ahora prefiero ver televisión en lugar de asistir a una marcha que convoque un grupo de defensores cuyas razones no sólo desconozco, sino que, además, no me quitan el aliento ni hago un esfuerzo por comprender. Si debo decidir entre una u otra opción, elijo una tercera o aquella que se acerque más a lo piense en ese momento o, cuando la antipatía es superior al deseo de elegir algo, recurro a la vieja práctica de "decidir no decidir".

Las matanzas continúan en todas partes, las rebeliones, los atropellos, las injusticias, la incertidumbre, la confusión, el deseo de ser partícipe de algo, de demostrar que la juventud se interesa por el mundo y sus derechos y todo lo que implica ser parte de una generación concienzuda y preocupada por preservar, defender y mejorar esta y otras especies. Y mientras todo esto ocurre, yo busco en una vieja caja algún álbum de Soft Cell para escucharlo en una habitación semivacía mientras como papas fritas y bebo algún refresco importado en compañía de K.. Eso es todo lo que pido, sin perturbarme por ser un idiota al que le preocupa más saber en qué disco se incluye "The girl with the patent leather face" que reflexionar acerca de las condiciones en que llegó al poder el actual presidente de la república.-

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escrito por tazerk a las 03:08 | email | mensaje