13/12/2006 

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Su nombre ardía en mi bolsillo. Aún le preocupaba el tiempo, el ritmo, las luces. Sentía desprecio por los jueves, por las arañas. Siempre lucía como si acabase de despertar, de abrir los ojos luego de un sueño turbio. Le aterraba envejecer. Poseía la mirada más triste que he conocido (en los últimos tres meses). También una sonrisa que anestesia (amnésica). Nunca memorizaba los nombres de las canciones, sólo las primeras cuatro o siete palabras. El primer verso. Escribía para los niños. Vivía por / para / de ellos. Los imitaba y dormía, sentada, en un sillón. Pasaba horas frente a una pecera. Coleccionista de libros / caricias / tragedias. Repudiaba a los perros, a los gatos, a cualquier cuadrúpedo. Y recitaba sin descanso «mi vida es un sábado perpetuo, un vaivén de rostros, de aromas y de voces. Una palabra y una bebida amarga sobre una mesa rota. Mi vida no es, precisamente, un sábado. Es, tal vez, un domingo o un lunes. Es toda la semana resumida en un instante lleno de adjetivos. El sábado es eterno, repentino y, a veces, carece de importancia». Y yo, por complacerla, nunca decía nada.-

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escrito por tazerk a las 06:28 | email | mensaje