21/12/2006 

.diálogos ocasionales (1)
—Lo peor que me ha sucedido —dijo K. quitándose del rostro el mechón de cabello azul que le adornaba—, es haber obtenido el segundo lugar en un concurso de cuento.
—¿Y qué tiene eso de malo? —le pregunté mientras arrancaba con desesperación el plástico que cubría mi más reciente adquisición: un libro de Lawrence Block.
—De malo nada, si te conformas con segundos lugares.
—No me parecen tan malos.
—¡Por favor! Eso arruinó mi vida.
—Vamos K., no exageres, tienes veintidós años. Aún no sabes nada de la vida.
—Sé lo necesario y eso basta.
—Está bien, sabes lo necesario.

Nos detuvimos a comprar café y cigarrillos. Ella pidió un capuchino helado con chispas de chocolate y una cereza. Yo, un té de frutas tropicales sin azúcar. Más tarde lamenté esa decisión.

—De eso a nada, hubiera preferido nada.
—¿Sigues con el tema? Bueno, ¿cuál fue el problema del segundo lugar?
—¡Ah, sencillo! Un segundo lugar significa que tu basura pudo ser mejor.
—Eso debería motivarte. Hay quienes ni siquiera eso obtienen.
—Sí, ¡pues que se lo den a uno de ellos! Yo no necesito su caridad.
—También recibiste algo de dinero, ¿no?
—Eso es otro asunto.
—No te vi quejándote por eso.
—Lo necesitaba.
—¿Ves? Entonces resultó algo bueno de aquello.
—¡Al diablo! No entiendes.
—No, no entiendo.
—Mira, por ejemplo, ese libro que tienes, ¿crees que él alguna vez obtuvo un segundo lugar en algo?
—No lo sé.
—Supongamos que no. Por eso tiene cientos de novelas.
—No tiene cientos de novelas. Además, dudo que eso tenga algo que ver con sus publicaciones.
—¡Persistencia! A eso me refiero.
—¿Entonces crees que es mejor no haber ganado nunca que aproximarte al éxito?
—Sí, eso creo. Al menos te mantiene luchando por conseguir lo que deseas.
—¿Y aquello acabó con tu lucha?
—No, sólo con los deseos de continuarla.
—Sigo sin entender.
—Es como el café descafeinado, dime, ¿acaso hay un invento más inútil?
—El tabaco sin nicotina, la cerveza sin alcohol.
—¿Existen?
—Sí.
—¿Y a ti qué te preocupa?
—¿Preguntas de verdad, para fingirte interesada o sólo por cambiar la conversación?
—Lo que prefieras.
—Bien. Todo me preocupa. Por ejemplo, tengo más libros de los que puedo leer.
—Eso no es un problema.
—No dije que lo fuera.
—¿Por qué no los regalas?
—No me gusta desprenderme de mis cosas.
—¿Por qué?
—No sé. Creo que conservan algo tuyo y regalarlo es perder ese algo.
—Eso es tan idiota...
—Sí, yo también lo soy.
—Muchas veces.
—Muchas.

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escrito por tazerk a las 07:54 | email | mensaje