22/07/2006
.3 rapids
1. Me permitieron entrar al sistema, me capacitaron para conocerlo a la perfección, sería una tragedia, y también una falta de respeto, que no intentara destruirlo desde dentro.
2. Una de mis grandes ilusiones era ser futbolista, o ninja, lo que consiguiera primero. A los catorce años se atrofió cada músculo de mi cuerpo y me rompí una pierna. Abandoné el fútbol y todo lo demás.
3. Mi madre decidió comprarme un televisor a colores para compensar su ausencia, desde entonces mi vocabulario quedó reducido a lo que escuchaba en ese fantástico aparato. Soy producto de la televisión y la comida chatarra, un clon amorfo que no intenta recontruirse, lo peor, dicen algunos, es que no me importa.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 04:37 |
20/07/2006
.[bf]:preview
Esta vez no hay una enorme galería detallada para cada día de grabación, sólo algunas pocas imágenes demasiado reveladoras.

Etiquetas: propaganda
escrito por tazerk a las 10:09 |
—...y ahora los programas matutinos complementan mi vida, la hacen menos miserable, más monótona, no sé, la monotonía resulta divertida.
—Eso es tan estúpido...
—Y sin embargo es lo único que me reconforta.
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 08:44 |
13/07/2006
.una nueva idiotez
—Sexto cigarrillo, cuarto café. ¿Por qué estás tan nervioso?
—No es nerviosismo, sino impaciencia.
—¿Qué la causa?
—Depende las circunstancias, a veces inseguridad, otras es el resultado de una espera prolongada.
—No generalices, pregunto por tu impaciencia.
—Ah, eso. La espera es la culpable.
—¿Qué esperas?
—Que las manecillas del reloj avancen más rápido, pero que se detengan de vez en cuando. No sé, diez segundos cada minuto.
—¿O sea que quieres que llege determinado momento, tienes prisa, pero no precisamente quieres que se acelere el tiempo, sino que se tarde un poco mientras avanza hasta que llegue y que cuando llegue sea el momento exacto sin que se apresure?
—Algo así.
—Algo dentro de tu cabeza anda mal... definitivamente.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 09:55 |
12/07/2006
...
H. se deshizo el rostro en un arranque de pánico. Tomó una botella de nítrico y la vació en su piel, bebió limonada y comenzó a girar en el piso. Se detuvo después de tres días de lamentos contínuos y lo volvió a intentar. Era una buena manera de mantenerse ocupado.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 02:44 |
9/07/2006
...
Cuando tenía seis años conocí a un niño que aseguraba tener sangre azul, como escasamente convivía con personas ajenas a las de mi familia, le pedí que me mostrara su sangre. Se negó, tome un vidrio que conseguí al romper una botella y le abrí un brazo. Me había mentido.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 03:14 |
8/07/2006
.idiotic sabbatum (+ spam creativo)
—Limpia tu boca —le gritó F. a H., que estaba vomitando—, te advertí que dejaras en paz el alcohol.
—No es el alcohol lo que me hizo vomitar —dijo H. al pasar su mano izquierda por sus labios.
—¿Ah no? ¿Entonces qué es?
—La gente.
—¿Qué hay con ellos? ¿Huelen mal?
—No. Son desagradables.
—Todo te parece desagradable.
—Sólo los lunes y miércoles.
—Por qué?
—Porque esos días son pésimos. Nací un lunes y creéme que es el peor día para nacer, incluso peor que el domingo. Por otro lado, el miércoles siempre sucede alguna desgracia.
—¡Pero es sábado!
—¿Y qué más da?
—Creo que intentas escapar de alguien.
—Y yo creo que haces conjeturas sin fundamentos.
Por cierto, ésta película es bastante entretenida:—Tu problema es que tiendes a prejuiciar a las personas.
![]()
—Creí que la etapa de decirle sus problemas a la gente había terminado hace meses.
—No, no fue así.
—Es igual, me agradan mis problemas, por eso los llevo conmigo a todas partes. Son como mi segunda piel.
—Las serpientes pueden desprenderse de su piel. Lo hacen cuando crecen.
—Sí, también cuando están heridas. Veo que has estado leyendo.
—Y tú mejorando al evadir indirectas.
—Sí, bueno, ¿qué puedo decir? No soy Peter Pan.
—Tal vez te reconforte tomar en cuenta que al menos lo igualas en lo ridículo.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 05:47 |
7/07/2006
.implicaciones (homenaje a la
Llevaba tres días sin dormir, la radio tocaba una canción desconocida. Un par de oficiales habían encontrado a L. colgando de una viga. En el periódico dijeron que escribió en la pared alguna tontería que decidí olvidar. L. vivía en una pensión que le alquilaba a un fanático de las apuestas.
Uno de los oficiales encontró mi dirección en una de las últimas cartas que le escribí a L. y acudió a realizarme algunas preguntas.
—¿Sabe si tenía alguna razón para quitarse la vida?
—Vaya, ¿quién no la tiene?
—Oh, es usted uno de los tantos comediantes que abundan por aquí, ¿eh?
—Solía serlo, pero no me iba nada bien. Ahora me dedico a la pintura pero tampoco he obtenido grandes resultados.
—Oiga amigo, más le vale cooperar. Entienda que tratamos de esclarecer este caso.
—Está bien. Creo que estaba deprimida.
—Eso no nos dice demasiado.
—No se me ocurre otra razón.
—¿Tenía familia?
—No, sus padres murieron en un accidente.
—Y usted, ¿qué tipo de relación tenía con ella?
—La llevaba a pasear algunos fines de semana.
—¿Cuándo fue la última vez que la vio?
—No lo sé. Me parece que hace tres meses.
—¿Mencionó algo acerca de suicidarse?
—No.
—¿Recuerda la conversación que tuvieron?
—Hablamos de árboles y películas.
—¿Qué clase de películas?
—Las de colores, principalmente.
—¿Recuerda lo que le dije acerca de las bromas?
—No dijo nada acerca de las bromas, sólo me llamó comediante.
—Bien, pues sería mejor que se abstuviera de hacerlas.
—De acuerdo, lo intentaré, pero mi faceta de cómico suele surgir en momentos inapropiados.
—¿Acaso hay algo que lo incrimine?
—No. Aunque supongo que eso es lo que usted intenta determinar.
—Bien, ¿qué clase de películas?
—Ninguna en particular, estrenos de cartelera.
—¿Había suicidios en ellas?
—No lo recuerdo, me parece que no. Había piratas, algunos asesinatos y superhéroes, pero nada más.
—¿Por qué viviendo en una ciudad tan pequeña le enviaba cartas?
—No me gusta el teléfono y desconfío de las nuevas tecnologías.
—¿Por qué no visitarla?
—No tengo vehículo y temo que me asesinen al caminar por la calle.
—¿Insinúa que no sale mucho de casa?
—Así es.
—¿Tiene trabajo?
—Soy pintor, aunque no muy bueno, ya se lo dije.
—¿Entonces cómo obtiene dinero?
—He ahorrado lo suficiente como para no depender de un empleo.
—Ajá. Y dígame, ¿con qué frecuencia le escribía?
—Una o dos veces por mes.
—¿De qué le escribía?
—No había temas precisos. A veces de lo que hacía a lo largo de la semana, otras de noticias interesantes del diario local.
—¿Puedo ver sus pinturas?
—Preferiría que no, ya le dije, son muy malas.
—No importa, muéstremelas.
Saqué algunos bocetos y el oficial se quedó con tres, en ellos había dibujado siluetas de árboles y puentes con personas colgando. No fue una buena idea.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 03:49 |
Sólo diez partes alcanzaron a cubrir estas conversaciones triviales plagadas de contradicciones, idioteces y ficciones. Podrían haber sido quinientas, tal vez once, no lo sé, tampoco le doy gran importancia, el caso es que ya se terminaron (aunque no niego la posibilidad de continuarlas alguna noche larga).-
Etiquetas: sucesos
escrito por tazerk a las 01:12 |
6/07/2006
.trivialidades [10ma. parte]
También sueño con instrumentos musicales, acaloradas discusiones sin final aparente y persecusiones silenciosas por seres sin rostro. Intento no ir a fiestas ni hablar más de lo necesario, pero casi nunca lo consigo. X. decidió que la caminata había terminado, se levantó y entró a la iglesia corriendo, entré detrás de ella, se ocultó en algún sitio y sólo se escuchaba su risa. Me senté en la primera fila. Un lugar espantoso. "Si algún día el demonio se empeñara en perseguirme, jamás me metería a una iglesia", pensé, "mejor dejarlo que me atrape antes que usar como refugio un lugar tan tenebroso".
—¿Aún acudes a fiestas por compromiso? —Preguntó X. desde algún rincón.
—No, dejé de hacerlo después de mi último cumpleaños.
—¿Qué sucedió?
—Derramé una botella con cerveza en mi pierna.
—¿Por qué?
—No estoy seguro, mi mano izquierda me traicionó y la vi vertiendo el contenido etílico sobre mi pantalón.
—¿Por sí sola?
—Sí, le pedí que se detuviera en dos ocasiones, pero no quiso hacerlo.
—Aún recuerdo la última fiesta a la que asistí, había flores por todas partes y la gente vestía de negro. Mi madre dijo que era un funeral, pero no le creí.
—Extraño el café de los funerales, tiene un sabor distinto, amigable.
—¿Todavía te empeñas en escribir todo lo que piensas?
—Sí, aunque cada vez con menor frecuencia.
—¿Por qué escribir cualquier tontería?
—Es más barato que acudir con un psicólogo.
—Auto terapia, qué apropiado. Esa costumbre de automedicarse ha acabado con la vida de cientos de idiotas.
—No tengo tanta suerte.
—Dime, ¿cómo te gustaría morir?
—No me gustaría hacerlo.
—Claro, a nadie le gustaría, pero estar aquí por siempre, aparte de imposible, sería demasiado aburrido. Entonces, tomando en cuenta lo anterior, responde.
—Me gustan los puentes y los días nublados. También las habitaciones desocupadas o con pocos objetos... una mesa, papeles húmedos y una gran ventana, la ventana es importante, imprescindible. Morir en un lugar así pudiera ser agradable, aunque no descarto la posibilidad de hacerlo bajo un puente.
—Yo prefiero los días soleados y los hoteles concurridos. Creo que podría morir aquí, lanzarme desde la cúpula y caer encima de un autobús o un vendedor de seguros.
—¿Para llamar la atención?
—No, por diversión. Le temo a las alturas, nunca he estado a más de cinco metros del suelo, así que pienso que un lugar alto sería lo más adecuado.
—Interesante, enfrentar tu temor como último movimiento, brillante estrategia.
Y así es como todo, repentinamente y sin giros dramáticos, termina.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 01:05 |
5/07/2006
.trivialidades [9na. parte]
No confío en las personas que llevan bastón o en los osados que corren detrás del transporte colectivo. Tampoco en los puentes colgantes y ni hablar de los poetas. A veces escucho las mismas canciones por horas, otras estoy en silencio hasta que me quedo dormido. X. compuso la música de los días nublados, pero nunca estuvo satisfecha con la letra, así que no la concluyó.
—Hay música para cada ocasión, ¿sabes?
—Sí.
—Por qué nunca cantas?
—Lo hago cuando estoy ebrio o solo. Rara vez cuando hay testigos.
—¿A qué le temes?
—A las arañas, a las ballenas, a los edificios.
—Me refiero a tu temor por cantar, ¿qué lo causa?
—No es temor, simplemente no me agrada cantar, no sé hacerlo y mi voz es poco melodiosa.
—¿Has notado cómo la juventud está en un enfrentamiento constante que los conduce hacia la estupidez?
—Ni siquiera he notado el color de mi camisa.
—Escuchan basura y leen, los pocos que lo hacen, lo mismo. ¿Qué sucedió con las emociones reales?
—Fueron sustituidas por las baratas, es más sencillo comprenderlas y fingirlas.
—Extraño una sonrisa espontánea o un grito histérico ocasionado por la casualidad.
—Yo no extraño nada. Ni siquiera mi reflejo.
—¿Ni siquiera la sensación de sorpresa que deja un acontecimiento imprevisto?
—Conocí a una niña que podía controlar la electricidad, me burlé de ella y comenzó a gritar. Sus gritos provocaron un incendio, miles de aparatos se sobrecalentaron hasta derretirse y una bombilla estalló cerca de mi rostro causándome serias heridas. Desde entonces abandoné la idea de tener sorpresas.
—Vaya tragedia.
—Sí, una fatalidad.
—Por cierto, es azul.
—¿Qué es azul?
—Tu camisa. Me agrada el azul.
—A mí me agrada el aire frío que anuncia una tragedia.
—Qué poético.
—Qué sarcástica.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 17:39 |
4/07/2006
.trivialidades [8va. parte]
Solía temerle a las multitudes, no a la soledad. Aprendí a valerme por mí mismo y a depender cada vez menos de las personas de mi alrededor. X. no podía lidiar con el abandono, las noches eran un martirio y por cada día de melancolía una nueva marca aparecía en su brazo derecho. Su madre se cansó de no encontrar respuestas ni soluciones y finalmente desapareció. Una mañana, después de sus oraciones matutinas, tomó una maleta, un par de vestidos y el poco dinero que habían ahorrado para mudarse a un estado de occidente y salió sin decir nada... al menos es la versión que cuenta X. cuando quiere recordarla.
—Míralos huir —dijo X. refiriéndose a los refuigados—... patético. ¿Cuándo habrán dejado de sentirse vivos para convertirse en seres errantes que se rehúsan a morir?
—En el mismo instante en que decidieron usar corbata y mocasines.
—No creo que lo decidan, supongo que un día despiertas y al mirarte en el espejo estás vestido de una u otra manera. Todo lo demás pierde importancia.
—Lo sé, estaba siendo sarcástico, sabes muy bien lo que pienso acerca de esto.
—Las tardes son devastadoras. Los rostros de las personas, siempre ausentes, son una molestia, me deprimen.
—Hace mucho que aprendí a ignorarlas, ahora escucho música y pienso que las letras, cuando están presentes, tienen un significado especial que debo descifrar. Eso me mantiene al márgen y me ayuda a sentirme ajeno a la masa indiferente.
—No he aprendido tanto, la fauna social me causa admiración y también aburrimiento.
—Yo me aburro de mi presencia, de mi tonta pretensión y de todo lo que prefiero omitir u olvidar.
—¿De los recuerdos?
—Dice David Thewlis, en Naked, que el aburrimiento se ocasiona cuando crees que has comprendido todo. Me agrada interpretar sus palabras de la siguente manera: realmente no has comprendido nada, pero te empeñas en creer que así lo has hecho. En palabras más precisas, que al decir que estás aburrido sólo demuestras que eres un idiota al que no se le ha ocurrido ir más allá de lo que ve o entiende.
—Cuánta razón tiene... pero a mí me gusta mi hastío.
—Es mi película favorita. Algún día la veremos juntos.
—Prefiero observar el amanecer o la puesta del sol.
Guardamos silencio, de nuevo, por ninguna razón en específico. En ocasiones es lo indicado.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 03:13 |
3/07/2006
.trivialidades [7ma. parte]
Pasamos frente a una fuente y una iglesia, X. se detuvo frente aquel santuario. Habló observando la única torre que, con numerosos daños, sostenía una campana agrietada.
—Mi madre solía rezar todas las mañanas al despertar... y después, a veces, preparaba el desayuno... otras salía de casa y no regresaba hasta que se ponía el sol.
—¿Rezar? ¿Por qué?
—Siempre creyó que así solucionaría sus problemas.
—Yo vengo de una familia poco religiosa que sólo asiste a las iglesias cuando están abandonadas o muere alguien.
—¿Y la religión?
—No hay tal, creo que renunciamos a eso por el entorpecimiento que la acompaña... aunque igual tenemos otras opciones para idiotizarnos.
—La costumbre a depender de algo que justifique cualquier cosa. La fe.
—No tolero el criterio limitado de las personas que se apegan con ahínco injustificado a su fe.
—No tolero la confusión que me ocasiona el insomnio.
—A veces me asusta dormir y despertar sin recordar lo que sucedió. O abrir los ojos en una cama desconocida.
—También están los sueños recurrentes.
—Tengo uno donde mis dientes se despedazan en mi boca y tengo que tragarlos o escupirlos en mis manos.
—Suena terrible.
—También le digo hache a la equis y confundo la jota con la equis o zeta.
Ya no caminábamos, permanecimos sentados en los peldaños de aquel templo observando coches apresurados y gente que corría o se refugiaba donde encontraba espacio.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 06:11 |
Es una verdadera molestia publicar en el myspace que no acepta acentos, eñes, guiones largos ni signos para abrir interrogantes u oraciones exclamativas. Entonces seguiré, por no sé cuanto tiempo, con estas conversaciones triviales en este lugar.
Y aqui la recopilación de las que van:
trivialidades [1ra. parte]
X., apelando a su característica antipatía, comienza a hacer preguntas mientras gira con su cuchara el frío café que le sirvieron hace media hora.
—¿Qué sucedió con las fotografías? —Pregunta sin levantar la mirada.
—Desaparecieron —respondo con indiferencia.
—¿Te cansaste de ellas?
—Ellas se cansaron de mí.
—Esa sensación de cansancio aparece en todos, objetos, personas, animales... en algún momento.
—Sí, claro. Es inevitable, como morir o sacarse los ojos.
—¿Qué problema tienes con los ojos de las personas?
—Me parecen horripilantes.
—¿Por qué?
—No lo sé, parece que siempre están al acecho, listos para atacar a quien les ponga demasiada atención.
—¿Y por eso los evitas siempre que puedes?
—Por eso y porque no me gusta sentirme atrapado.
La conversación se corta de manera abrupta cuando cae en algún lugar una pieza de pan y se abre la puerta principal del local...
trivialidades [2da. parte]
...y ahora entran dos sujetos tomándose del brazo a recitar sandeces, mientras tanto me convierto en el interlocutor y le cuento a X. un pequeño secreto.
—Siempre recuerdo aquella película china, en especial la parte del chico que no habla. No lo sé, me agrada la relación que tiene con su padre, porque incluso cuando éste siempre aparenta frialdad, en el fondo lo quiere más que a nadie.
—¿Qué tiene eso de especial? Los padres suelen ser así.
—Sí, es verdad, de hecho creo que eso es lo que me agrada, lo común de los casos. Aunque no del todo, es decir, no cualquiera trabaja de asesino y es feliz dejando que los demás tomen decisiones por él, pero supongo que la gran diferencia es aceptarlo, saber que se deja elegir a otros y estar de acuerdo con ello sin descartar la posibilidad de algún día ser capaz de elegir por uno mismo.
—¡Qué estupidez!
—La vida misma es una estupidez y muchos lo olvidan con los años.
—Yo no lo he olvidado, por eso creo en la autodestrucción.
—Autodestrucción... una palabra cautivadora... incitante.
—¿Y el chico mudo es asesino?
—No, ese es otro personaje, el silencioso es cocinero.
—Espera. ¿Adónde vamos con todo esto?
—A que esa mezcla entre film noir y asian style la hacen tan degustable que sólo me atrevo a verla cada diciembre, tú sabes, la nostalgia.
—¿Eso es todo?
—Y que al final siempre vuelvo a pensar que Wong Kar Wai es un genio.
—Estoy de acuerdo con eso.
Ninguno de los dos le prestó atención a lo que parloteaban con tanto ahínco los sujetos de negro. Supongo que eran idioteces, cualquier estupidez, con una voz interesante y el tono adecuado, parece inteligente. A nosotros nos absorbía por completo nuestra plática, sin embargo guardamos silencio un momento, X. bebía de su café y yo encendía un cigarrillo mientras trataba de recordar algunos fragmentos de esa película.
Y helos aquí:
Del asesino:—Hace varios años pague a una mujer 30 dólares por posar conmigo en una foto. Siempre que la gente me pregunta les digo que es mi esposa.Del chico mudo:
—¿Y el niño de la foto?
—Creo que le compre un helado. Siempre quise ir a una boda. Pero se que no va conmigo.Soy una persona muy feliz. Cuando era pequeño era muy hablador. Pero desde que comí una lata de piña caducada cuando tenia cinco años... perdí la voz. Es por eso por lo que tengo pocos amigos.
Me encanta el helado. Cuando era niño la furgoneta de los helados siempre paraba delante de nuestra casa. Cada vez que la veía, era feliz. Incluso le pregunte a mi padre porque él no conducía una furgoneta de helados. Nunca me respondió. Más tarde descubrí que a mi madre la mató una furgoneta de los helados. Nací en Taiwán y llegué con mi padre a Hong Kong cuando tenía cinco años. Él trabajaba como ayudante en Chungking Mansions. Después de la muerte de mi madre, rara vez hablaba. Y nunca comíamos helado. El hecho de que ambos fuéramos tan callados probablemente explica lo unidos que estamos.
trivialidades [3ra. parte]
El humo del cigarrillo siempre ha sido una molestia, incluso cuando soy yo quien lo provoca. El café lo prefiero sin humo, a veces frío, siempre sin azúcar. X. dejó de fumar hace varios meses, su padre murió de cáncer o cirrosis, no estoy seguro pero la hizo odiar el tabaco y el alcohol. Tampoco es que me preocupe demasiado. X. y yo llevamos más de un año frecuentándonos, bebemos café, fumo, hablamos. La misma rutina todas las mañanas. A veces me pregunto si esto realmente tiene algún significado o es que tratamos de ocultar algo.
El mesero se acerca a servir la segunda taza de café, usualmente son tres por un solo precio. Llena la mía, X. le indica que se aleje, los tipos de negro ya se han ido y nosotros iniciamos una nueva conversación.
—No sé qué sucede con mi carácter o esta tendencia de terminar con desconocidas en mi cama. Es como una obsesión y no siempre resulta agradable.
—No es acerca de lo agradable que resulte, sino de la oportunidad.
—¿Oportunidad? Quizá, pero ¿a quién le gusta despertar con una psicópata que te corta el cabello por la noche y lo esparce por toda la cama?
—Yo prefiero a los que hacen heridas.
—Claro, una herida, cuando deja huella, es insustituible... a veces, también, volátil.
—¿Cómo era aquella frase de tu adorado Indovina?
—A lifetime of hell for every minute of heaven.
—Oh, sí... a veces vale la pena.
—No me agradan demasiado los recuerdos, y, en numerosas ocasiones, eso es lo único que queda.
—Son una molestia... como los que cantan en idiomas que desconocen.
—¡Bah! Te he visto hacer eso miles de veces.
—No puedo evitarlo.
—No tienes por qué hacerlo.
El tabaco se había terminado y en la cafetería sólo quedaban dos personas además de nosotros.
trivialidades [4ta. parte]
El cenicero estaba lleno. Era como una ciudad en ruinas, devastada, humeante y poco colorida. Salimos del lugar en busca de una tienda.
—¿Cuál es tu libro favorito? —Preguntó X.
—No estoy seguro. Creo que La náusea, aunque me deprime un poco leerlo, esa sensación de que va a terminar es frustrante. Acaba demasiado pronto.
—¿El libro o la frustración?
—Lo primero.
—Tus gustos, a pesar del tiempo, no se han modificado.
—Lo han hecho, pero poco... ¿Aún prefieres a Poe en vez de King?
—Siempre. King es divertido, Poe es genial.
—Cierto, además, de sus trabajos se ha hecho música, no sólo películas. Aunque ni lo uno ni lo otro son tan comerciales.
—¿Seguro que no lo estás confundiendo con Blake?
—Es probable, quizás hasta me refiero a Lovecraft, acostumbro confundir a la gente.
—Es culpa de tus pláticas inconexas, comienzas hablando de sandías y terminas con Van Gogh sin que nadie se dé cuenta de cómo pasó eso.
—Quise decir que suelo pensar que cierto personaje o persona es otro u otra totalmente distinto/a.
—Lo sé, sólo quería molestar un poco.
—Recuerdo que había un escritor que temía ser descubierto, por eso cada que escribía algo firmaba con el nombre de su mejor amigo que murió en un accidente que el escritor provocó.
—¿Y se volvió famoso con el nombre de su amigo y nadie le reconoció jamás?
—No, era bastante malo, lo suyo eran las ecuaciones cuadráticas.
—¿Sabes cuál es la peor parte de buscar un lugar?
—No encontrarlo.
—No. Encontrar el peor —dijo señalando la entrada de un húmedo corredor.
Un letrero con faltas ortográficas anunciaba que al final de un estrecho callejón estaba una tienda. Compramos provisiones y huímos hacia cualquier sitio sin preocuparnos por la lluvia que comenzaba a caer.
trivialidades [5ta. parte]
Existen calles que me desagradan tanto que parecen tener vida. Al transitarlas su respiración se acentúa, cada paso parece ser el último y también el primero. Es una lenta procesión hacia la nada. La lluvia suele atenuar estas complicaciones. Hoy no sucede ningún acontecimiento extraordinario, sólo llueve.
—¿Recuerdas la última vez que la lluvia te empapó por completo? —Pregunta X. levantando su rostro para que las gotas la acaricien.
—No. Tal vez fue cuando tenía siete u ocho años.
—¿Te atrapó fuera de casa?
—No, comenzó y salí a sentarme junto a un árbol. Mi madre se alteró tanto que me encerró en mi habitación una semana.
—Qué susceptible.
—Y la paranoia resultó hereditaria.
—El riesgo de que un rayo te parta la cabeza debajo de un árbol es alto, pero, a fin de cuentas, sólo una posibilidad y, como tal, no entiendo por qué alguien habría de darle tanta importancia. Dime, ¿esperabas morir?
—No, sólo quería observar. Me gusta la lluvia, no esa lateral que entra por las ventanas y arruina hogares o aparatos, sino esa que cae como millones de agujas que se destruyen al tocar la tierra. Es fantástica.
—¿Y qué con el aglomeramiento de ellas que produce pequeños estanques por todas partes?
—Cuando niño, siempre trataba de sumergirme en ellos y, aunque ninguno llegaba más allá de mis rodillas, no desaprovechaba la oportunidad de saltar al tropezarme con alguno.
—En mi niñez era prisionera de mis padres, pasé mucho tiempo enferma, por esta razón se me prohibía salir a correr desnuda por las calles sintiendo el abrazo helado del llanto de Dios, como solía llamar mi madre a este fenómeno natural, sólo podía verla a través de una ventana y, cuando mucho, salir cuando pasaba la catástrofe a depositar barcos de papel en los pequeños riachuelos que nunca supe hacia dónde iban.
—Siempre me gustó imaginar que terminaban en el mar, y que esos barcos de papel sobrevivían y algún hombre solo en una isla desierta los encontraba, por eso siempre les escribía mensajes, quería que ese extraño y tal vez inexistente hombre fuera feliz al encontrar unas palabras agradables.
—¿Qué escribías?
—Trivialidades de niño idiota: "hoy he comido el postre antes que el desayuno", "encontré un ave herida que ahora canta en el jardín", "el mundo es perfecto", "mi madre se ha casado y es feliz", "tuve el sueño más fantástico de todos: podía volar e irme a cualquier lugar, hoy lo intentaré".
—Esperanzas vanas, tontas ilusiones.
—¿Se puede esperar algo más de un niño? ¿Acaso hay alguien capaz de eludir sus fantasías?
X. no contestó, comenzó a correr, reía a carcajadas, giraba y saltaba por todas partes. Caminé más despacio, atrasándome con disimulo hasta que me detuve junto a un árbol y volteé hacia arriba...
trivialidades [6ta. parte]
...cerré los ojos. Frente a los desconocidos suelo quedarme sin habla, pocas veces sé qué decir. He vencido ese temor en un par de ocasiones, tal vez más, no estoy seguro. No estoy seguro de nada. X. —en un sábado que pertenece al recuerdo— preguntó si tenía alguna razón para seguir viviendo. Le respondí que tampoco tenía una razón para dejar de respirar y caminamos en silencio durante dos horas.
Debajo del árbol se filtraban gotas y luces, las primeras, impacibles, eran cada vez más pesadas. Las segundas, tímidas, proyectaban en el suelo sombras espantosas que me devolvieron a otro periodo de mi niñez.
—X. —dije— espera un poco, mira esto —señalé las figuras. Ella regresó cantando.
—¿Qué es? —Preguntó.
—Sombras —respondí—, horribles sombras.
—¿Qué tienen de horribles? No les noto nada particular.
—Exacto.
Olvidé lo que quería explicarle, la caminata continuó y evité su mirada.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 00:57 |

