30/09/2006
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...y era una noche de recuerdos, de sueños roídos, de heridas abiertas... de trivialidades y falsas ilusiones... de exceso de alcohol y lágrimas ausentes...
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 06:49 |
29/09/2006
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—¡Eres un hijo de la chingada— me dijo, tirando de mi cabello— prefieres el hipnótico y estúpido entorpecimiento televisivo a un momento de sexo placentero!
—Sí —respondí— soy un hijo de la chingada.
...y esto no hubiera dolido tanto si fuera la primera vez.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 06:52 |
16/09/2006
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...entonces teníamos una razón para levantarnos, para estar limpios al amanecer, para beber hasta el cansancio, para mantener la cordura. Una esperanza pueril sustentada en delicados movimientos, en labios exquisitos, ajenos, prohibidos, volubles. Y conduciríamos hasta el fin del mundo, sin descanso, sin mostrar fatiga. Ahogando nuestras palabras y ocultando emociones. Como dos adolescentes temerosos, como un par de ancianos que se dejan dominar por la lujuria.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 07:05 |
14/09/2006
.[03] lluvia matutina
Es inevitable, si alguien enciende un cigarrillo, ya sea en la televisión, a mi lado o en algún texto que esté a mi alcance, yo también lo haré. No importa si no lo deseo, no importa si recién apagué el anterior o aún tengo uno entre mis dedos. Es simplemente un acto inconsciente que hago con demasiada frecuencia. Fumo, es cierto, bastante, tal vez. Siempre llevo una cajetilla en mi bolsillo izquierdo del pantalón y un encendedor en el derecho. En ocasiones los cambio de lugar para jugarme bromas, pero, de cualquier manera, están ahí. Es mejor tenerlos a mi lado cuando los necesito. No alivian la tensión o el estrés, no me producen esa amigable sensación de mareo de las primeras veces, tampoco la excitación de retar algún letrero o a la misma autoridad. Es como bostezar cuando alguien más lo hace, por imitación no premeditada. Por idiotez. No soporto el humo que producen, tampoco la ceniza en mi ropa o esa amarga sensación en la garganta, mucho menos la pestilencia de mis dedos... o mi boca. Puedo evitarlo por meses, siempre y cuando no haya nadie alrededor. Soy un esclavo de un vicio sin sentido, pero no es, precisamente, el sentido lo que busco en mis acciones. El tabaco me absorbió porque no había nada más que hacer. Lo probé y fue desagradable, sin embargo son múltiples las cosas desagradables a las que por razones, a veces, inexplicables suelo aferrarme. Estaba harto de ello, de la dependencia innecesaria, la paranoia y la indiferencia.
Rechacé las largas caminatas cuando descubrí que eran circulares, infinitas y, también, demasiado estúpidas. Dejé las lecturas pre-programadas y quemé el calendario. Arrojé mi reloj debajo de un tren de carga. Arranqué de la pared el teléfono y utilizo el televisor como pecera, aunque no tengo peces. Ahora escribo en la pared, juego con lápices del número dos y bebo café como si en ello se me fuera la vida. Ya no hablo con nadie y nadie habla conmigo. Me paseo desnudo por mi habitación cuatro-por-cuatro y persigo hormigas invisibles.
No suelo darle la espalda a puertas o ventanas, nunca por las noches. Esa extraña sensación de que alguien, repentinamente y sin ningún motivo, entrará a decapitarme me lo prohíbe. Cierro la puerta, corro la cortina y apago las luces. A veces, con una linterna portátil o una veladora, pretendo leer cualquier cosa. Lo hago bajo la cama, oculto y temeroso. La luna suele jugar con mi paciencia y entra sigilosamente a través de las cortinas o por debajo de la puerta. Cualquier ranura es aprovechada por su imprudencia. El pánico me invade, mi rostro se desfigura y me resguardo envolviéndome en una sábana. Contengo la respiración y cierro los ojos. Amanece.
Le temo a todo y nada me sorprende, torpe contradicción que se presenta cuando olvido lo primero, o lo segundo, según sea el caso. Si llueve cubro mis oídos, si tiembla cierro los ojos. Por las mañanas cuento historias ficticias que nadie escucha. Por las tardes leo poesía inoportuna.
Supongo que en algún momento perdí la cordura. Nadie se molestó en advertirlo.
Detesto a las aves y a los insectos, ambos se pasean por mi habitación con notable antipatía y, a los segundos, no les preocupa caminar sobre mí, o que suceda lo contrario. A los primeros he dejado de prestarles atención, aunque anidan en alguna esquina y cantan por las mañanas con ímpetu envidiable.
He coleccionado una lista de palabras favoritas que repito sin cesar, tapioca, la primera. Seguida muy de cerca por el hastío. Extraño la música o el cálido abrazo del aliento femenino en mi boca. A veces también el tabaco o el café.
Una mañana desperté en medio del desierto con una boina verde atada a mis tobillos. Fue el suceso más bizarro y alegre que recuerdo. ¿Haz soñado con pastizales infinitos y gatos de colores? Tampoco yo... debe ser divertido.
Ocasionalmente encuentro notas con fragmentos que no sé quién escribió —o si tenía alguna razón para hacerlo. Los clavo en el techo pero la humedad los arroja de nuevo al piso. No tiene importancia —me digo al verlos caer y los devuelvo a su lugar.
No tolero la intelectualidad y me río en la cara de quienes la pretenden, de aquellos que alaban la poesía mediocre y colocan en altares a sus representantes... pero soy una parodia de ellos. O una mala broma... un juego sin reglas, un trozo de carne, roído, lacerado... me pregunto cualquier idiotez, en cualquier momento, por cualquier razón... hiero, por placer, sin intención, y me arrepiento y soy incapaz de secar las lágrimas (ajenas o propias), de tragarme el dolor... pienso, finjo, sueño, observo mis manos con exceso de atención... recito párrafos enteros de libros desconocidos (inexistentes, quizás)... ¿Qué pasa contigo? Pregunta alguien, alterada, temblando (frío, miedo, incertidumbre, odio...). Nada, respondo cabizbajo (miento porque es posible). ¿Y qué sigue? Insiste. Alimentarse de huesos, de rocas, de saliva infectada, de llanto, de odio, de prisas, de fracasos... vomitar desasosiego, jugar a no morir... renunciar a la vida, sumergirse entre la arena, entre la mierda, en sangre, con sangre, sin pedir ayuda, fingir emociones, un espasmo prolongado, alimento de gusanos, de hienas, de buitres... perder, ganar, resucitar, diluir las esperanzas con cenizas y simular que todo está en orden. Así se debe jugar.
Y ahora sólo temo despertar y no saber mi nombre.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 04:00 |
8/09/2006
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Si yo fuera tú, estaría ahí:
ACTUALIZACIÓN:
Pandora ya no quiere intrusos, lo de hoy es el last.fm.
Etiquetas: cosas, propaganda
escrito por tazerk a las 03:23 |
