4/01/2007
.diálogos ocasionales (3)
—Lo primero que vi fue una tenue luz blanca que parpadeaba sobre mis ojos. Después dos más, encima de todo. Luego una última, amarilla. En ese momento me di cuenta que estaba acostado en una camilla y que tenía la boca abierta.
—¿Y luego qué pasó?
—Me desmayé.
—¿Así nada más?
—Sí. De golpe. Cuando desperté estaba en una cama de hospital con un tubo conectado en mi brazo izquierdo. J. estaba a un lado leyendo una revista de espectáculos. Me dijo «¿cómo te sientes?», le contesté que mal y siguió leyendo. Estaba cansado, así que dormí de nuevo.
—¿J.? Creí que se había ido de aquí hace dos años.
—No, no se fue. O regresó, no lo sé, cuando volví a despertar ya no estaba. Tal vez ni siquiera estuvo allí.
—Ajá. ¿Y qué sucedió?
—No estoy seguro. No recuerdo nada antes de esas luces.
—¿Dices que apareciste allí, de repente?
—No de repente, pero aún no encuentro una explicación.
K. se levantó y sacó de su bolso una cámara fotográfica, tomó tres fotografías y la guardó de nuevo.
—¿No te divierte ver tu reflejo en el televisor?
—No. Tengo otro tipo de placeres; a veces canto por las mañanas. Entre libros de filosofía, revistas viejas, novelas policíacas, colillas de cigarro y ropa sucia. Con sobredosis de café y bajos niveles de glucosa. Con una toalla atada a la cintura.
—Sí, te he visto hacer eso. Deberías dejar las cortinas cerradas algunas veces.
Luego se fue como los grandes; sin decir nada.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 00:33 |
|
