31/01/2007
...
—Un momento de alegría indescifrable es el antecedente a otro de nostalgia, también, indescifrable. Vacía, repentina y sin causa aparente.
—Leí eso en alguna parte.
—Creo que también lo hice.
—¿Y es cierto?
—La mayoría de las veces.
—La música ayuda, la lectura, alguna actividad manual. No sé, siempre hay algo que hacer para remediar esos estados.
—Yo prefiero recostarme, en silencio, boca abajo en un sillón.
—Parece incómodo.
—Es reconfortante.
—Salir a caminar, fumar un poco y con algo de música es mejor.
—Eso ya no me funciona.
—Has desgastado tus opciones. Si aplicas siempre las mismas soluciones a distintos problemas pierden su efecto. Se hacen obsoletas.
—Esto, viniendo de ti, no tiene ningún sentido.
—Tampoco lo que tú dices, pero me agrada simular que sí.
—Bien por eso. La simulación es la base de la convivencia.
—¿Según quién?
—No sé, alguien importante, supongo.
—De acuerdo... Entonces aquel hombre decide independizarse de todo y se larga a un bosque donde muere por inanición.
—¿De qué estás hablando?
—Es el final o el inicio de un cuento que leí hace tiempo. Era muy divertido.
—¿Quién lo escribió?
—No sé, alguien importante, supongo.
—La peor parte de estos estados emocionales que no tienen definición semántica, o que esa supuesta definición asignada no es satisfactoria, es el esfuerzo que hacemos por encontrarle alguna, otra más adecuada.
—La desesperación nos obliga a hacer cosas estúpidas. Una llamada a horas que se consideran inapropiadas, una conversación con alguien que no tiene interés por escuchar, una carta donde se dice más de lo necesario... buscar explicaciones a aquello que no necesita definición.
—Es inevitable.
—No. Es necedad. El hastío provoca un sobrecalentamiento de neuronas, el resultado es un malestar similar a la depresión, pero más agudo... más doloroso.
—¿Estuviste investigando?
—No, lo inventé, ¿te gusta?
—Sí.
—Cuando estoy de buen humor puedo inventar cosas realmente ingeniosas. Te sorprenderías.
—¿Estás de buen humor?
—Un poco. Tuve un sueño agradable, sabes que me gusta soñar, aunque pocas veces lo consigo... o el recuerdo de ese sueño no permanece en mi memoria por más de cinco minutos. Pero eso no es todo, conocí a alguien.
—¿Debo alegrarme?
—No lo sé. No me corresponde decir qué emociones debes simular. Puedes preguntar quién es y qué tiene de especial y, si tienes suerte, quizá responda tus preguntas.
—Sabes que no preguntaré nada.
—Sí, lo sé. Lo que no me queda claro es si no preguntas porque no te interesa o porque sientes celos.
—Apuesto por lo primero.
—Yo por lo segundo.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 01:37 |
30/01/2007
...
—...aquí es donde todo comienza. Sin una gran explosión que, de repente, ordena el caos primario. No. Ese es sólo un convencionalismo que hace la realidad más digerible. Tangible, si nos ponemos exigentes.
—¿Cuál es el punto?
—Que tenemos los bolsillos vacíos. Igual que nuestras mentes. Abstracción innecesaria. Adecuación de los sentidos y demás estupideces.
—¿Es tan importante?
—No es acerca de la importancia. Es cuestión de saber interpretar las señales.
—¿De qué señales hablas?
—Ya sabes, una roca en medio de la carretera, un ave agonizando en un aula llena de estudiantes de catorce años.
—¿Despertar en un sueño?
—También. Cualquier nimiedad brinda soluciones.
—El problema es saber si son soluciones lo que buscamos.
—No buscamos nada. Es más sencillo ir a la deriva.
—¿Dejarse llevar sin esperar nada y fingir alegría de vez en cuando?
—Claro. Optar por lo más simple, rechazando cualquier complicación, es una tendencia que nos define como seres humanos.
—No creo que eso sea válido. Vamos, estás siendo arbitrario de nuevo.
—¿Y qué? Intento explicar algo.
—¿Y qué es ese "algo"?
—No lo sé con certeza. Me baso en suposiciones. A veces me ayudan a entender lo que intento explicar. El problema surge cuando me baso en adecuaciones que desplazan la idea principal y regreso al principio sin saber adónde quería llegar.
—Es cuando terminas la conversación con una broma o huyendo, ¿cierto?
—Sí. Es divertido complicar algo sencillo. Le proporciona a cualquiera la posibilidad de hacer sus propias conclusiones.
—¿La posibilidad de formular una contradicción de la que no es conciente?
—Se trata de divagar acerca de nada en específico. Ordenar palabras que, unidas en una o múltiples oraciones, parezcan coherentes. Aunque no signifiquen nada.
—¿Para qué hacerlo?
—Para divertirse. Ese es el propósito de todo. Lo que hace que el mundo continúe su rotación.
—La diversión, entonces, ¿es asimilar que todo es una estupidez con la que podemos jugar?
—No precisamente. Digamos que es un medio para subsistir. Te acostumbras un poco, simulas conocer las reglas no escritas y sales a la calle como un observador y una sonrisa de satisfacción.
—Eso es algo idiota, ¿no lo crees?
—No. Creo en pocas cosas. Me agrada la idea de abandonar la preocupación y limitarse a esperar.
—¿Esperar qué?
—Cualquier cosa. Esperar el autobús y abordar el equivocado, esperar la lluvia en primavera, a alguna persona que no llegará.
—¿Y sorprenderse cada diez minutos?
—Olvídate de las sorpresas. Eso déjaselo a los soñadores. A los que aún tienen fe en algo. En Dios, en sus padres, en la sociedad, el gobierno, la gente, lo que prefieras.
—¿No es eso sinónimo de una vida vacía y carente de emociones?
—Sí. Optar por la indiferencia te mantiene a salvo. Acaba contigo en un nivel distinto, pero otorga un poco de seguridad.
—Ahora entiendo, te refieres a declinar de vez en cuando la oportunidad de obtener lo que deseas. Es como aquella línea que dice «cuando dejas de querer algo, lo obtienes». Aún no le encuentro sentido a esa afirmación. Me parece algo insulsa la idea de renunciar a tu libertad para obtenerla.
—Me refiero a dejar de vivir como una marioneta controlada por un ente divino o uno con propiedades menos complicadas. Se trata de convertirse en el titiritero.
—No es posible ser títere y titiritero a la vez.
—Quizá tengas razón. Entonces lo mejor es optar por una posición.
—¿Tú cuál prefieres?
—Ninguna. Aunque admitirlo me coloque las cuerdas.
—¡Bah! Tanta palabrería para concluir admitiendo tu falta de sensatez.
—Es sólo un juego.
—Me desilusiona, parecía que ibas en serio. Esta vez me engañaste.
—¿Y qué esperabas, una conversación que solucionara tu vida y acabara con todos tus problemas?
—No esperaba nada.
—Entonces alégrate, hoy has aprendido algo.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 03:57 |
26/01/2007
...
Tenía una buena idea la noche anterior. Era excelente. Lo sé porque alguien más lo dijo. Creo que comenzaba con un sueño o partía del comentario que hizo un personaje secundario en una película coreana. Ahora no lo recuerdo (ni la película, ni el comentario, ni la idea, ni el sueño). Sin embargo eso no impedirá que utilice la improvisación para redimirme.
Cuando niño solía creer que la gente jamás envejecía. Estaba seguro de ello. Algo en el fondo me indicaba que la edad era alguna clase de pretexto para establecer limitaciones. Que los adultos eran adultos porque así lo habían querido y otro cúmulo de tonterías. Era divertida la niñez y la aparente ingenuidad que la acompaña. Ahora creo en pocas cosas y utilizo palabras (creer, pensar, temer y demás verbos similares) que adapto según mis necesidades (sí, lo había mencionado antes. No importa, me gusta ser redundante). Era un niño muy estúpido, aunque es probable que siga siéndolo (me refiero a lo estúpido, por si quedó alguna duda), sólo que he aprendido a disimularlo un poco.
Me parece que esa idea que mencioné en el primer párrafo estaba relacionada con la niñez, con mi infancia, para ser más exacto. Aunque quizá no tenía nada qué ver. Quise olvidarme del tema pero no funcionó. Entonces vi un cenicero que se negó a admitir una colilla más y una bolsa repleta de cenizas. Vacié los restos del objeto de porcelana en la bolsa y decidí no preocuparme más por ese asunto (o cualquier otro). En conclusión; es así como se pueden escribir algunos cuantos párrafos repletos de idioteces sin tener la menor idea de adónde se quiere llegar.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 01:52 |
23/01/2007
...
Desperté con nuevas heridas en múltiples partes del cuerpo. No sabía quién me las había ocasionado, así que apenas pude mantener el equilibrio llamé a K.
—¿Qué sucedió ayer? —pregunté en cuanto levantó la bocina y escuché su voz diciendo "hola".
—Creí que bromeabas —dijo ella.
—¿Bromear? ¿De qué hablas?
—Ayer, antes de huir, dijiste "estoy seguro que llamaré en cuanto despierte, sin recordar nada", luego bostezaste un par de veces, reíste y agregaste "te pondré al tanto de todo. Recuérdamelo por la mañana", y antes de que te respondiera colgaste.
—Entonces, ¿qué sucedió? ¿Peleé con alguien?
—No. Tu versión dice que sólo caíste en repetidas ocasiones. Me llamabas cada que caías. Entre carcajadas casi histéricas explicaste cada detalle. Decías "K., caí desde una silla. No sé qué demonios hacía parado en ella, pero al caer mi boca comenzó a sangrar. Deberías ver este fluir... es excitante. ¡Te encantaría!" Yo sólo reía y memorizaba tus palabras, no me dejabas hablar. Antes de colgar decías "tenme al tanto".
—Aún hay algo de sangre en mi boca. Ya seca. También en la cama. Mi almohada está cubierta de todo ese líquido. Es horrible.
—¿Te duele?
—Muy poco.
—Después dijiste que habías caído al salir y abrir la puerta que da hacia la calle. Que la abriste con el rostro. Que en cada caída, antes de levantarte, le gritabas a cualquiera que se acercara con la intención de ayudarte, que se alejara. Luego, que girabas dos o tres veces en el piso, te levantabas e intentabas hacer otra cosa. Sabes, era muy difícil entenderte. Hablabas muy deprisa y siempre estabas discutiendo con alguien.
—Supongo que bebí demasiado.
—Sí. En tu última llamada me explicaste la cantidad de alcohol que ingeriste. Alguien que estaba cerca de ti lo corroboró. Caíste de nuevo mientras hablábamos. Te escuché reír y gritarle a alguien con más ímpetu que las veces anteriores "aléjate de mí, no necesito tu ayuda". Luego te reincorporaste, explicaste cómo ibas guardando tus cosas, saliste, entraste de nuevo y gritaste "¿acaso esperan que yo conduzca?", le arrojaste a alguien las llaves del coche y saliste otra vez. Ese alguien iba detrás de ti, lo sé porque te escuché decirle, luego de otra caída, "no me levantes, sólo dame el maldito teléfono". Entonces sacudiste tu ropa, levantaste tus objetos, entraste al coche y al cerrar la puerta dijiste "adiós K., es hora de irme".
—¿Eso fue todo?
—Eso fue todo lo que me contaste.
—¿Entonces no hubo alguna pelea?
—No. ¿Por qué no se lo preguntas a quienes te acompañaban?
—No sé con quién estaba.
—Ayer mencionaste el nombre de, al menos, cinco personas.
—Tampoco las recuerdo. ¿Qué día es?
—Viernes.
—¿Hora?
—19:30.
—Tarde. Tengo que irme.
—¡Espera!
—¿Qué sucede?
—¿Es cierto que no recuerdas nada o sólo quieres jugar al idiota?
—No recuerdo cómo logré entrar a mi casa. Tampoco las llamadas.
—Está bien. Hoy te creeré.
—Gracias.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 01:11 |
22/01/2007
.tres

Iba a escribir algo que rebasara los dos párrafos. En serio. Creo que lo olvidé o era lo mismo del año pasado.-
Etiquetas: sucesos
escrito por tazerk a las 00:46 |
21/01/2007
...
Muy ocupado perdiendo el tiempo. Aunque cualquier otro pretexto sirve.-![]()
escrito por tazerk a las 12:55 |
18/01/2007
...
Todos deberían escuchar a este par, al menos, una vez al día.
Etiquetas: cosas, propaganda
escrito por tazerk a las 13:18 |
16/01/2007
...
—Vamos K., sabes que lo que digas no me engaña. No juegues conmigo. Conozco todas tus artimañas. No funcionará.
—¿Artimañas?
—Sí.
—Sólo tienes miedo.
—No me subestimes. No soy tan idiota.
—Sí. Lo eres.
—Está bien. Llámame como gustes.
—Ser condescendiente no sirve de nada.
—No lo soy. ¿Tanto te incomoda que haya descubierto tu juego?
—Sí... mucho.
—Bien. Entonces no hay nada qué discutir...
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 06:01 |
10/01/2007
...
Nuevamente el silencio se hizo cargo de todo. Ese silencio confortable que sabe aparecer con cinismo en el momento oportuno. Prometí guardar silencio y reservarme algunas cosas. No lo logré. A veces le escribo a desconocidos contándoles cualquier idiotez. Otras, con un poco de pudor, le escribo a conocidos-desconocidos. No pienso dos veces, me limito a dejar fluir el contenido y luego, si queda tiempo, a querer modificar algo. Pero no lo hago, sólo contemplo esa posibilidad y me recrimino o dejo de pensar en ello. A veces es común sentirse como adolescente en una edad inadecuada. Adolescencia tardía. Depende del psicólogo en turno. La aflicción es la misma y no tiene sentido, pero es quizás esa ausencia de sentido lo me resulta tan atractivo en ella. Y ahora otro pequeño gran vacío, cotidiano, por supuesto... pero nada gratificante. Todavía.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 07:08 |
—Por las noches me pregunto si es posible andar por ahí haciéndose el idiota a diario y que esto no tenga repercusiones.
—Las noches suelen ser adecuadas para reflexionar.
—Por eso las detesto.
—Las detestas porque les temes.
—No todo lo que temo me es detestable. Ni siquiera sé si le temo a algo o utilizo esa palabra con un significado distinto al usual.
—Vamos, todos le temen a algo —dijo L. para demostrar no sé qué cosa—. A la muerte, por ejemplo.
—Me preocupa más lo que le sigue. Si es que hay algo más —respondió cualquier persona. Su interlocutor, supongo. No estoy seguro si esta vez tuve alguna intromisión en este diálogo, ni si era K. disfrazada de L. con quien hablaba o si esto sucedió alguna vez. No estoy seguro de nada— y aún más que sólo haya vacío.
—¿Eres religioso?
—A veces.
—Entonces tienes dos opciones, cielo o infierno.
—Es igual. Ambos sitios parecen peligrosos.
—¿Por qué?
—No tengo idea. Últimamente no puedo pensar en nada.
—Y eso se lo atribuyes a...
—Al exceso de estupideces cometidas.
—Nunca son demasiadas.
—Lo sé, ese es el problema. Llega un momento en que comienzas a preguntarte cuántas pueden acumularse.
—Las necesarias.
—Eso no tranquiliza mi inquietud. Vamos, ni siquiera lo estás intentando.
—No. Ya basta de intentos por solucionar tu vida. Tengo asuntos propios por resolver.
—Quizá podría ayudarte.
—No pido ayuda. Eso me parece nefasto.
—¿Y es mejor resolver los conflictos del resto de tus conocidos?
—Claro. Es divertido contemplar los límites de su paciencia e ineptitud.
—No sé. Debes tener razón.
—Claro, nunca te atrevas a dudarlo.
—Te extrañé.
—No es cierto.
—¿Por qué estás tan segura?
—Sólo lo estoy, déjate de tonterías.
—Lo haré... algún día me cansaré de todo esto. Estoy seguro.
—No, no lo estás, deja de mentir.
—No puedo.
—Entonces haz un esfuerzo por mejorar... cada vez eres más obvio.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 05:57 |
6/01/2007
...
...y es un poco extraño e incómodo admitir que Warhol (y yo, y ella y un él que desconozco, y otro que me llama idiota, también aquel que me dice estúpido) estaba(n, -mos) un poco equivocado(s). K. no resultó tan ficticia, tan ajena o lejana... es palpable. «Es una mierda» dice, esta vez, alguien que no es K.. Parece que lo digo yo. Y es cierto. ¡Maldición! Ahora K. tiene un rostro y un cuerpo y una voz sensual y un olor peculiar que no podré ignorar. Cuando la ficción se vuelve cierta acaba el cuento. «He sido la 'K.' de otros» dice ella dándole un trago más a su bebida, encendiendo, como yo, un cigarrillo. Le digo que deje de serlo. No puede evitarlo, nadie puede. Ahora K. no tiene sentido. Dejó de ser E., A., L., M., cualquiera. Se convirtió en M. (otra M., una prohibida), una M. imposible. ¡Maldición! No hay nada qué hacer.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 03:59 |
4/01/2007
.diálogos ocasionales (3)
—Lo primero que vi fue una tenue luz blanca que parpadeaba sobre mis ojos. Después dos más, encima de todo. Luego una última, amarilla. En ese momento me di cuenta que estaba acostado en una camilla y que tenía la boca abierta.
—¿Y luego qué pasó?
—Me desmayé.
—¿Así nada más?
—Sí. De golpe. Cuando desperté estaba en una cama de hospital con un tubo conectado en mi brazo izquierdo. J. estaba a un lado leyendo una revista de espectáculos. Me dijo «¿cómo te sientes?», le contesté que mal y siguió leyendo. Estaba cansado, así que dormí de nuevo.
—¿J.? Creí que se había ido de aquí hace dos años.
—No, no se fue. O regresó, no lo sé, cuando volví a despertar ya no estaba. Tal vez ni siquiera estuvo allí.
—Ajá. ¿Y qué sucedió?
—No estoy seguro. No recuerdo nada antes de esas luces.
—¿Dices que apareciste allí, de repente?
—No de repente, pero aún no encuentro una explicación.
K. se levantó y sacó de su bolso una cámara fotográfica, tomó tres fotografías y la guardó de nuevo.
—¿No te divierte ver tu reflejo en el televisor?
—No. Tengo otro tipo de placeres; a veces canto por las mañanas. Entre libros de filosofía, revistas viejas, novelas policíacas, colillas de cigarro y ropa sucia. Con sobredosis de café y bajos niveles de glucosa. Con una toalla atada a la cintura.
—Sí, te he visto hacer eso. Deberías dejar las cortinas cerradas algunas veces.
Luego se fue como los grandes; sin decir nada.-
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 00:33 |
1/01/2007
.babel en prosa #4
Etiquetas: propaganda
escrito por tazerk a las 17:40 |

