31/05/2007
.la mer
La primera vez no estuve allí o, si lo estuve, olvidé todo. No recuerdo gaviotas, palmeras o barcos que empequeñecen a la distancia. Tampoco su aroma. Esas son imágenes posteriores que alojé en mi memoria o construí para poseer algo. La primera vez, supongo, era demasiado joven o el encuentro no me causo ninguna impresión.
También es probable que no quiera recordarlo. Que el repudio ocasional que me provoca el mar haya bloqueado cualquier clase de sentimentalismo asociado con el descubrimiento fortuito de esas aguas saladas, azules y violentas.
Lo que tengo son recuerdos esporádicos, infantiles e inconexos.
Una confusión entre nostalgia por un lugar olvidado y la ironía de otro ficticio.
Sensaciones diversas que no dicen demasiado, que no permiten elaborar una imagen clara de aquel día, se quedan en bocetos pálidos e incoherentes. Sin sonidos, sin olores, sin alguna reminiscencia.
Quizá lo conocí en la televisión, en una canción o mediante una fotografía. Quizá lo dibujé y lo pinté de gris o rojo. El color es lo de menos. Quizá conocí a alguien o tuve un accidente o bebí agua de un coco sobre una hamaca. Balanceándome de lado a lado hasta quedarme dormido. O sólo caminé por la orilla hasta perderme y por accidente giré mi rostro hacia arriba y el sol me cegó un momento.
¿Que si iba acompañado? Es seguro.
¿Que si era de noche? Imposible.
No veo en él la belleza que sedujo a Storni, sino la fealdad que le describió un pequeño a un alcohólico en un tren de pasajeros.
Lo que veo es lo que es: continuos vaivenes que hipnotizan a quien ha perdido la esperanza (tristes viajeros que no encuentran su lugar) y fascinan a los soñadores (ingenuos de ojos llorosos y patéticas historias).
No recuerdo la primera vez pero eso está bien.
Prefiero sustituir aquel encuentro con otros que de verdad importan. Con un paseo en el parque, con una lata de sardinas que sirve como cenicero, con una buena canción, con un saludo efusivo, con cualquier cosa.
No me gusta el mar, pero me gusta la playa.
No me gustan los peces porque prefiero las aves.
Y, a veces, tampoco me gusta recordar.-
Y aquí un texto a propósito del mar y el primer recuerdo que de él tuviera.
Creo que me dedicaré a publicar por acá algunas tareas escolares.
Etiquetas: visceralia
escrito por tazerk a las 15:44 |
29/05/2007
.the (incomplete) grass manifesto
No hay tal cosa como una generación perdida, eso quedó en el olvido, existe una de ociosos que encuentran en su letargo justificaciones para crear sonetos, pinturas, novelas policíacas u otros accidentes (¡aberraciones!) que denominan arte.
Ésos, "las mejores mentes de mi generación", han optado por malgastar su tiempo frente al televisor, balancearse histéricos con infomerciales y sustituir el buen tabaco por la basura procesada de las grandes compañías.
Decidieron despertar cada mañana, abrir un frasco de café instantáneo, prepararlo y añorar la clásica molienda que le otorga un sabor que ahora sólo se consigue en cafeterías de prestigio cuestionable. Luego salen al trabajo, a la escuela, a todas partes, a ninguna y vuelven por las noches, por las tardes, a repetir rituales sin sentido, ver televisión o beber un poco de cerveza.
Los he visto recorrer errantes pasillos de hospitales repletos de hipocondriacos que lo único que ansían es un poco de atención y una enfermera de sonrisa perfecta que se acerque a preguntar "¿se encuentra bien? ¿necesita ayuda?" para luego negar con la cabeza y fingir ataques epilépticos (raquíticas convulsiones que buscan miradas compasivas).
Se trata de los que en sus brazos llevan heridas provocadas por el hastío y en sus bolsillos arena de alguna playa que han olvidado.
Ésos que encajonan las emociones y guardan en sobres su melancolía.
Los que leen a Girondo y han dejado de volar, aquellos que recitan "Garrik" sin detenerse a pensar en las palabras.
Los que llaman estupideces a cualquier metáfora o quienes, como Vallejo, nacieron "un día que dios estuvo enfermo" o, peor aún, en domingo por la tarde.
Quienes pusieron en su boca un arma enmohecida que sólo les dejó un sabor amargo. Aquellos que se acobardaron y rompieron en lágrimas el silencio sepulcral de una muerte simbólica que socavaron con gemidos.
Los mismos que ahora desfallecen al escuchar elogios o se acurrucan en demenciales parques con mendigos que no saben su nombre y tienen mil historias.
Quienes dejan que la fiebre los consuma y caminan por las noches en busca de aventuras o porque no hay nada más que hacer.
Quienes temen al teléfono y recurren al alcohol para encontrar una pizca de creatividad que no perdura. Los que descubren con desdén que los estimulantes no brindan soluciones y deciden buscarlas en miradas bidimensionales que pasean a 50KM/H en calles de un solo sentido.
Los refugiados del ayer. Ensimismados en habitaciones baratas cuya única compañía es el ruido de alguna gotera, los crujidos de muebles viejos o una radio a todo volumen que anuncia productos light o berrea las letras de José Alfredo. Otros que con más suerte ven en sus mascotas un cartel que dice "estás vivo y perdiendo el tiempo" y se lamentan de la vida y no se atreven a dejarla.
Quienes llevan en la frente un "inserte aquí lo que se le ocurra" y una bandera bicolor entre los dedos. Los que bailan en manifestaciones y se adornan el rostro con agujas. Los que gritan ¡BASTA! hasta desfallecer.
Quienes con estridentes carcajadas simulan que todo está en orden pero se hunden en patéticas lamentaciones nocturnas y mienten sin notarlo y se rehusan a decir su nombre porque saben que no les pertenece ni el aire ni la ropa ni la dentadura ni el cabello ni la voz ni las cicatrices ni la vida.
Los que abordan un autobús para escapar de todos y de todo y se bajan en la primera esquina.
Quienes buscan "la felicidad" en los empaques de sabritas y encuentran un sádico "inténtelo de nuevo".
Quienes temen apartarse del rebaño y sentarse en una mesa solos a beber un poco de café y encender cigarrillo tras cigarrillo mientras hojean un libro que no les importa y piensan en alguna mujer de cabello castaño que piensa en un hombre que no es para ella.
Quienes se detienen debajo de la lluvia y giran su rostro al cielo sin cerrar los ojos.
Ésos que prefieren leer etiquetas de cualquier producto para conservar alguna clase de optimismo ficticio, el único genuino. Los mismos que sustituyeron a Miles por Moloko y dicen "¿qué hay de malo en ello?" y ahora leen tragedias griegas para olvidar a Jack a Allen a Neal a William a Charles a Ernest a todos.
Luego sintonizan canales de pago para ver chicas desnudas que no pueden tocar y se masturban pensando en la cena mientras la música clásica del vecino los atormenta. A veces acuden a universidades o plazas públicas a recitar poemas ajenos, a veces los propios con palabras que toman prestadas y esparcen con acomodo estrafalario (figuras abstractas para los que buscan un poco de entendimiento remplazado con líneas verticales).
Luego van por las calles tambaleándose, vomitando en cualquier esquina, pidiendo una moneda para un trago extra, buscando con desesperación una colilla de cigarro que soporte tres aspiradas, un trozo de pan, un vaso con agua, su alma, el sentido de la vida o una amante momentánea que no exija amor ni cobre demasiado. Quizás una que se compadezca y acceda por caridad.
Quienes todavía cantan canciones de cuna y escriben por no enloquecer, para no asfixiar su cordura, para no verse prisioneros, para soñar, para retar al silencio, para lo que sea. Clavan alfileres en sus dedos para apaciguar la desesperación, seducen colegialas con humo-blanco de tabaco, descansan frente a chimeneas roídas —bocas destrozadas por puños iracundos— que les recuerdan la rabia de un millón de escarabajos que no luchan por sobrevivir por alimento por territorio. Que luchan porque tienen miedo, por ausencia de sueños, porque alguien profanó su inspiración y los arrojó al mundo a competir, a perder el tiempo, a lacerarse, a mitigar el llanto con batallas, a creerse únicos, irrepetibles, irrelevantes (¡esquizofrénicos, impenitentes lectores de panfletos publicitarios!) como las palabras huecas de diez mil manifiestos escritos en latín sobre un trozo de madera.
Y después temen a la muerte porque recuerdan que "nacer es comenzar a morir" y se angustian y lanzan plegarias a "ídolos de plástico" que los observan detrás de sus gafas oscuras, con sus lisos cabellos decolorados y su ropa negra y su música alternativa y su arte-objeto y la magnificencia se reduce a un cúmulo de palabras elegidas al azar que ocultan la verdad y predicen el futuro.
Y al final, entre tanta inmundicia y con un poco de humildad, preguntan, sólo por curiosidad, si acaso hay algo que valga la pena, si sus letras valen la pena, si sus vidas valen la pena, si algo, lo que sea, vale la pena.
A veces obtienen respuesta.
Se trata de preguntarse alguna cosa, sin esperar algo a cambio, con cualquier excusa, para demostrar que aún queda una poca de humanidad, de moral, de paciencia, de inocencia, de idiotez, de todas esas cosas que identifican a los cuerdos y que, eventualmente, carecen de sentido. Hasta la saciedad.-
Texto a modo de parodia incluido en el quinto número de Pastizal!, disponible desde las primeras horas de junio. Por cierto, hoy es la presentación de la revista.
Etiquetas: visceralia
escrito por tazerk a las 01:53 |
26/05/2007
sábado audiovisual
The White Stripes - Icky Thump (quicktime movie)
Etiquetas: cosas, propaganda
escrito por tazerk a las 23:47 |
23/05/2007
...
CONEFI
escrito por tazerk a las 07:31 |
15/05/2007
...
H. se sentó frente al monitor de su reluciente aparato-escribe-letras, puso sus dedos sobre el teclado, presionó algunas teclas y la magia comenzó a brotar. Sus dedos no podían parar, una tecla tras otra, continuos golpeteos, una palabra, luego otra y cien más. Se detuvo de repente, encendió un cigarrillo, fumó dos veces y lo apagó. Fue hacia la ventana, no llovía, regresó a su asiento y de nuevo. Escribió dos palabras y se detuvo, observó sus manos. Alguien tocaba la puerta, H. no hizo caso, apagó el monitor e intentó no hacer ruido. Era una voz femenina que sabía que H. estaba ocultándose. Insistía: "abre, sé que estás ahí", dijo. H. estaba en silencio, escondido bajo la cama; estuvo allí hasta que su visitante se fue. Cuando se sintió seguro salió y continuó con su trabajo.
Se sentía inspirado, por eso no quería interrupciones. Dos, trescientas palabras más y ya no pudo seguir. Se había esfumado todo. Leyó el resultado de esa ola repentina de creatividad y dijo en voz alta "¡sigo siendo un maldito genio!", luego se fue a dormir.
Lo cierto es que no lo era. Había escrito una lista de trescientos artículos de limpieza que no necesitaba. Otro poema dadá; otra metáfora acerca de la futilidad; era reconfortante tener el control.-
Etiquetas: efimerias
escrito por tazerk a las 04:09 |
11/05/2007
.hoy toca post idiota
...y entonces, después de varios avisos, mi televisión murió. Y luego, gracias a Jimena, el joost aparece para devolverle la tranquilidad a mi pobre cabeza que, desesperada, buscaba sustitutos baratos que la entorpecieran.
Bueno, tenía que decirlo. Ahora a continuar la búsqueda de programas.-
escrito por tazerk a las 05:59 |
7/05/2007
.trivialidades [14va. parte]
Llegamos a un bar. La música era alta y molesta, teníamos que hablar a gritos, a nadie más parecía incomodarle. Un mesero se acercó a preguntar qué ordenaríamos. Pedí limonada, K. vino tinto.
—¡Iaghh!
—¿Qué sucede?
—Esto sabe a agua de limón real.
—Lo es.
—Debiste advertírmelo. Sólo me gusta la que viene en sobres.
—El sabor artificial es asqueroso.
—Es mi preferido.
—Pide otra cosa.
—No quiero otra cosa, quiero una limonada artificial, ¿es eso demasiado?
—Sí.
—¡Vámonos!
—¿Adónde?
—No sé, fuera, a otro lugar. A una tienda, compraré un sobre, agua embotellada y prepararé mi propia bebida.
—Tendrás que pensar en algo mejor para sacarme de aquí.
—Bien, vayamos a mi casa.
La música se detuvo un instante, K. no respondía, dio un sorbo a su bebida, le hizo una seña al mesero que se acercó enseguida. Pidió la cuenta, pagó, se levantó y dijo "está bien".
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 00:05 |
6/05/2007
.distracciones (parte 1)
...y en Antesalas a veces ocurren cosas interesantes:
Actividad 1: creación de un texto de extensión libre a partir de una lista de palabras seleccionadas al azar.
Palabras: “chango, botas, mota, meta, matón, risa, anaquel, mar, árbol, amor, pacífico, príncipe, antártico, estrés, embarazo, espacio, letrero, abducción, calabaza, pedrada.”
Cuando llegaron al lugar no podían creerlo. La descripción era exacta; H. preguntó “¿y si se trata de una broma?”. K., como respuesta, señaló un letrero. Estaba escrito en un idioma que no lograron identificar, eso reafirmó sus sospechas; sí, esa era la meta. Apresuraron el paso, debían encontrar un espacio cómodo para descansar. Estaba oscureciendo y no veían a nadie. El pueblo parecía desierto.Diversión no garantizada desde el anecdotario.-
—¿Recuerdas aquel árbol que te parecía tan gracioso? —preguntó K.
—No —dijo H.
—Vamos, sí lo recuerdas, dices que no porque te avergüenza admitirlo.
—Está bien, lo recuerdo. ¿Qué con él?
—Cuéntame como era.
—Ya conoces la historia.
—No importa, cuéntala de nuevo.
—Había una calabaza en la parte más alta.
—¡Continúa!
—Dicen que fue un chango el que la puso ahí, también, que desde allá se puede ver el mar. Nunca me atreví a comprobarlo.
—Eso no me da risa.
—Tal vez quieras la otra versión.
—¿Hay otra?
—Hay miles. Algunas tan absurdas que es difícil creerlas.
—Cuéntame una de esas.
—Dicen que el árbol lo plantó un tipo malvado, el matón del lugar. Que fue para ocultar a alguien. Cuando lo derribaron encontraron dos bolsas de mota, un par de botas rotas, medio anaquel y una carta de amor. Otros cuentan que todo fue por culpa de unos extraterrestres; que después de la abducción el tipo se volvió loco y el estrés hizo que matara a su mujer. Tenía dos meses de embarazo y la mató de una pedrada. Yo no creo eso, él era un tipo muy pacífico, deben ser invenciones de los lugareños.
—Estás mintiendo, ¿verdad?
H. no respondió, habían encontrado un lugar donde refugiarse, en la entrada decía “el príncipe antártico”. Entraron y pidieron algo de beber. Una cantina en medio de la nada, la suerte volvía a sonreirles.
cz.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 03:42 |
