29/06/2007 

.nueve historias aleatorias y un final apresurado
Nueve historias aleatorias y un final apresurado:

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escrito por tazerk a las 14:53 | email

25/06/2007 

.4ta. muestra de cortometrajes
Hace más de un año hice una reseña similar a la que haré en esta ocasión. Seguirá la misma tendencia, es decir, "parcial, poco fundamentada, sin fotografías y malhecha" (de hecho debo resaltar lo último). Y no, no es que lo planee con anticipación, es que dada mi falta de talento es el único modo en que puedo realizarlas.

Esta vez no fue en un auditorio, sino al aire libre y con más espectadores que los de aquella ocasión. La difusión y lo que creo fue una buena organización de los estudiantes de Comunicación y Medios de la UAN se hicieron cargo de colmar este evento titulado "3, 2, 1: Corto!" de espectadores que, como mínimo, esperábamos un poco de calidad en los trabajos de los participantes.

Antes de proseguir debo aclarar lo siguiente: hace un año la calidad de los trabajos debió dejarles claro a los nuevos talentos que se esperaba mucho de ellos. Que no tenían permitido cometer los mismos errores de quienes los antecedieron.

Ahora vayamos por partes y veamos cada uno de los trabajos que participaron en este triste remedo de exposición de proyectos audiovisuales:

La primera sesión comenzó con Voyeur, de Cinthia García, Larissa Vargas y Alfredo Padilla. La historia fue sencilla, un joven espectador de su entorno se da cuenta que nada vale la pena, que debe hacer algo que lo haga ser recordado y, como no podría ser de otra manera, decide suicidarse. 2/5

El siguiente, Sin Control, de Edgar Azael López, Tracy y Miriam Luna y Karen Pardo, una comedia, provocó lo que pretendía: hacer reír a la gente. Claro, no precisamente por la comicidad de sus escenas, sino por los descuidos, incoherencias y la evidente sobreactuación de los involucrados. 2/5

Sally, de Briseida Alcalá y Aníbal Astorga, cerró la primera sesión. Una historia en retroceso de una relación que llega a su fin y una chica, Sally, la protagonista, no puede superar. Emular la técnica utilizada en Memento o Irreversible cuesta trabajo, y si se hace mal arruina todo el empeño. Al menos, como experiencia, podría servirles para nunca más repetir esta clase de intentos si no se ha definido por completo la idea. 1/5

Los organizadores fueron dadivosos al dividir la muestra en tres partes. Así, algunos teníamos tiempo para reír sin complejos o terminar de asimilar lo visto. Algunos otros, aún con muchas expectativas, imploraban que lo siguiente fuera distinto.

Una niña perversa, cortometraje basado en la historia homónima de Jehanne Jean-Charles, dirigido por Pablo A. Cancino, abrió el segundo ciclo de la muestra. Quizá quiera restársele mérito por no ser una historia original, sino una adaptación, sin embargo, para el público, fue quien merecía llevarse la noche y obtener el primer lugar de la muestra. No lo discuto. 4/5

Le siguió Amitosis, de Cindy Becerra, Karla Gallardo, Zitlaly Osuna y Luis Rentería. La historia es acerca de dos parejas; en cada una, una de las partes (el chico en una, la chica en otra) tiene inconformidades con su par. Cada vez son más intensas, pero la casualidad está a su favor y el destino de los inconformes es reunirse, enamorarse y etcétera. 1/5

No podía faltar un documental: Chapei Capa, de Blanca Viridiana Aguirre, Natalie Rivera y Ziwa, describe los pesares de una comunidad indígena, afiliada al EZLN, de Baja California (no me pregunten si norte o sur, no lo sé); sus problemas para sobrevivir, la pérdida de sus costumbres y los continuos enfrentamientos con las autoridades locales. 3/5

Y entonces llegó el segundo intermedio que sirvió para lo mismo que el primero, sólo que la tolerancia de algunos asistentes había menguado y aprovecharon para huir de la escena del crimen.

Después vino Instantes a continuar con la tercera parte del evento. Creación de Giovanni Álvarez, Ana Ulloa y Claudia González. No tengo muy clara la temática que eligieron, sólo recuerdo que involucraba niños gritando y una mujer que, al final, escapaba de un hombre. ?/5

Soñando, despierto, de Juan Manuel Ibáñez, fue el trabajo que demostró tener mayor dedicación por parte del equipo que colaboró en él; y es que, bueno, tenía filtros que ya es algo. La historia era acerca de una chica que trae a su memoria recuerdos de cuando era niña, estos los provoca un globo color verde que, casualmente, pasa justo por el lugar donde ella se encontraba leyendo. 4/5

Finalmente Epiphaneia, de Zitlaly Ozuna y Aníbal Astorga, fue otro trabajo, dentro de lo que cabe, bien hecho. Aunque me deja la interrogante de si se trataba de un cortometraje muy experimental o un videoclip incompleto. Sea lo que fuere, fue distinto a todo lo demás y aunque la historia -si es que había alguna- no quedó del todo clara, fue lo más rescatable de la noche. 5/5

Por supuesto, no podía faltar el plato extra. Esta vez fue un videoclip basado en un tema -que, para variar, no recuerdo- de David Bowie elaborado por alumnos del curso de apreciación audiovisual, o algo por el estilo, impartido por Juan Carlos Organista. Aunque fuera del concurso, fue otro de los trabajos que valió la pena, aun cuando es un poco difícil saber quién merece el crédito de este proyecto.

Quizá todo esto es absurdo, puesto que no considero la dedicación de los estudiantes, que son sus primeros trabajos, que los realizan con presupuesto limitado o cualquier otra excusa que consideren apropiada para justificar sus cortometrajes. Lo cierto es que si quieren caridad y aplausos deben limitarse a mostrar sus trabajos a familiares y amigos, no los hagan públicos porque se expondrán a la crítica y, favorable o no, podría servir de algo.-
Por cierto, la gente de Comunicarte tiene otro punto de vista, vayan a leer una reseña positiva de lo mismo.

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escrito por tazerk a las 02:12 | email

20/06/2007 

.trivialidades [15va. parte]
Tuve que admitir que no todo era como antes. No fue buena idea, pero me dejé llevar. Intenté aparentar que nada había cambiado, intenté, también, simular que todo volvía a estar en orden. Otra mentira.

—Por favor ignora las machas de café que hay en el piso, la ropa sobre la cama, las huellas de pisadas en el techo, la bolsa con cenizas de tabaco, las quemaduras en el sillón, las ochenta y dos cajas de cigarrillos vacías y el exceso de cables; todo es parte de la decoración.
—¿Un nuevo concepto basado en el desorden?
—Claro. A veces no puedo inhibir mi lado artístico.
—No necesitas excusas, no me importa el desorden. Lo que me intriga es ese globo en forma de corazón, ¿significa algo?
—Sí... supongo... aunque no sé bien qué cosa.
—¿Un regalo o una compra involuntaria?
—Un recuerdo, nada más.
—Es extraño el modo en que las personas dependen de los objetos para encontrarse a ellas mismas.
—Extraño y muy estúpido. Sin embargo es... necesario.
—No, no lo es. Es idiota. Si necesitas de un detalle para definirte; una taza de café que te recuerde quién eres o solías ser, estás acabado.
—No lo creo. Creo que es más sencillo que eso.
—¿Ah sí? ¿Cómo?
—Es apegarse a algo, no algo que te defina, sino algo que te recuerde todo eso que no serás.
—Claro, la fantasía; desear ser otro y tener algo que te diga que no es posible.
—No, que hagas lo que hagas no tiene importancia, que sólo eres alguna clase de suspiro y que tu paso por el mundo es tan efímero que es más importante un globo con forma de corazón que todo lo que has hecho.
—¿Has vuelto al pesimismo?
—No, he leído algunas cosas y me he dejado influenciar por ellas.

Pensé encender el televisor para evadir cualquier conversación por algunos minutos. Preferí la voz de Gardel, sabía que eso la haría sentirse bien, de regreso, en calma.

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escrito por tazerk a las 09:02 | email

8/06/2007 

.lo que hay no es lo que ves
H. estaba frente al televisor cambiando de canal cada cinco segundos; era su día libre y era así como mataba el tiempo.

Uno de sus pocos amigos era un niño de nueve años llamado Q., H. lo estimaba porque su curiosidad lo hacía recordarse cuando tuvo esa edad, cuando sus principales preocupaciones eran los juegos vespertinos y la cena.

Q. llegó a interrumpirlo aquella tarde, entró sin avisar, como de costumbre, se sentó a su lado y comenzó a hacer las típicas preguntas de chico ocioso:

—¿Qué haces H.?
—Veo televisión.
—¿Por qué cambias tanto de canal, estás aburrido?
—No, sólo busco algo interesante.
—No vas a encontrar nada si no ves alguno por, al menos, cinco minutos.
—¿Ah sí?
—¡Claro! Todo el mundo lo sabe, si sigues así sólo tendrás muchas imágenes pero ninguna historia.
—Que todo el mundo lo diga no significa que sea verdad.
—¿Por qué no?
—¿Recuerdas aquella vez que me contaste de la "cueva encantada" que encontraron algunos de tus amigos en el bosque?
—Sí, ¿eso qué tiene que ver?
—¿No es cierto que todos ustedes aseguraban que había alguna clase de fantasma o monstruo allí dentro?
—Sí, pero luego descubrimos que no era nada.
—Así es, pero antes de averiguarlo ninguno dudaba que el fantasma fuera real, ¿qué te dice todo esto?
—Mmm... creo que... no todo es lo que parece.
—Exacto. Las apariencias pueden engañarte.

Q. se quedó en silencio un momento, trataba de entender lo que H. le había dicho. No estaba del todo seguro de por qué algunas cosas parecían ser algo y luego resultaban no ser ese algo. Le llegaban a la mente algunos sucesos en los que, por dejarse seducir por sus sentidos, había caído en errores.

—Entonces, dices, cambias de canal para encontrar algo interesante y no porque estés aburrido. A mí igual me parece que estás aburrido y que por eso cambias tanto de canal.
—Si eso es lo que te parece, puede que sea verdad, al menos en apariencia, es decir, si ves que un hombre va caminando y de repente, a lo lejos, desaparece, podrías pensar, efectivamente, que desapareció por 'arte de magia' y eso sería, en cierto modo, verdad. Pero qué tal que intentas averiguar lo que realmente sucedió y descubres que el hombre no desapareció por 'arte de magia', sino que cayó por una alcantarilla. ¿Cuál sería tu conclusión?
—Que lo que veo puede ser y no ser verdad, y que al investigar y saber lo que sucedió sólo puede ser una de las dos cosas.
—Se necesita dudar un poco de lo que tus sentidos te dicen para asegurarte de lo que realmente sucede. Puedes decir que lo que parece es cierto para quien así lo ve o lo siente, por eso crees que estoy aburrido, pero eso no es válido para todos y es cierto en tanto que no se demuestre lo contrario.
—Entonces algo puede ser falso aunque parezca cierto, entiendo eso, ¿pero por qué es verdad al principio y luego ya no? Además, según dices, puedo ver algo y creer que es verdadero y al comprobarlo descubrir que no, ¿significa que si no compruebo que lo que veo no es lo que parece estaré en lo correcto?
—Vaya que me has puesto en un dilema, intentaré explicártelo de otro modo.

H. apagó la televisión y se levantó, fue a la cocina por un par de vasos, llenó uno con agua y el otro lo dejó vacío. Colocó ambos vasos en la mesa que se encontraba frente a ellos.

—Dime qué ves —dijo H.
—Un par de vasos —respondió Q.
—Bien, ¿y qué contienen?
—Uno agua, el otro nada.
—¿Dirías que ambos vasos son iguales?
—Son iguales, se parecen, pero uno tiene agua y el otro no.
—Entonces no son iguales.
—Sí son iguales, pero también son distintos.
—¿Entonces son y no son?
—Eso parece, ¿cuál es el punto?
—Que, hace un momento, habíamos acordado que algo no puede ser y no ser a la vez. Es decir, o son iguales o no son iguales; si alguna de las dos cosas es verdadera, la otra debe ser falsa.
—¿Pero qué pasa cuando, como ahora, algo es y no es a la vez?
—Significa que es necesario que se den ciertas condiciones para que suceda.
—No te entiendo y eso está comenzando a irritarme.
—Tranquilo, mira, esto es lo que pasa: son iguales en tanto que son vasos, lo que son los hace iguales, la diferencia, como bien señalas, es que uno tiene agua y el otro no. El agua es la sustancia, la característica que los distingue, pero para decir que algo es o no es, es necesario considerar a la cosa en sí, en este caso, el vaso.
—¿El que está lleno es y el que está vacío no es?
—Algo así.
—No entiendo.
—El que está lleno nos dice que, con respecto al vacío, es; el otro, por el simple hecho de no tener agua, no es. Sin embargo ambos, de un modo distinto, son.
—A ver, dime, un objeto puede ser o no ser, pero no ambas cosas, ¿verdad?
—Sí.
—Cuando se trata de dos cosas, ambas pueden ser, ¿verdad?
—Sí.
—¿Pueden ser solas, pero no juntas?
—Sí.
—Porque unidas son y no son y eso no es posible, ¿verdad?
—Es posible pero no es correcto.
—Bien, te entiendo, ahora dime, ¿para qué me sirve todo esto?
—Para responder a tu segunda pregunta.
—Ajá, ¿cómo?
—Ahora sabes que algo es o no es, pero no ambas cosas al mismo tiempo. Digamos que ahora que sabes que las apariencias no son lo verdadero, no te dejarás llevar por lo que sientes. Y si decides hacerlo, sabrás que estás en un error.

Q. admitió de mala gana que ya no tenía una excusa para dejarse guiar solamente por sus emociones al momento de determinar si algo era verdadero o falso, sin embargo, en el fondo se sentía bien consigo mismo por haber entendido algo en lo que antes no había pensado.-
Y, siguiendo con el plan de publicar algunas tareas escolares por acá, esto es algo así como un cuento donde se pretende explicar asuntos filosóficos a niños. Creo que podría trabajarse un poco más para hacerlo menos confuso en cuanto a las ideas centrales que intenté manejar... por cierto, sobra decirlo, está sujeto a cualquier clase de críticas, todas son bienvenidas.

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escrito por tazerk a las 10:10 | email

5/06/2007 

.martes de vulgaridad
Se despidió por cordialidad. No porque fuera a extrañarlo, tampoco porque eso la haría sentirse mejor. Sólo cordialidad. H. sabía percibir esa clase de cosas.

—¡Por cordialidad miéntame la madre! —Gritó desde el andén mientras ella subía al autobús.

Ella dio la vuelta, puso su maleta en el piso y se acercó desafiante.

—¿Qué dijiste?
—Que por cordialidad me mientes la madre.
—¿Eso quieres?
—Es mejor que una falsa despedida, esas las tengo cada viernes.
—No quise despedirme, pero era mejor que sollozar abrazándote.
—¿Entonces lo hiciste por compasión?
—No, por cortesía.
—Es la misma mierda, mejor no decir nada.
—Entonces vete al carajo.
—¿Lo ves? No fue difícil.

Y así concluía otra historia.-

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escrito por tazerk a las 00:06 | email

4/06/2007 

...
Fue porque no había probado bocado en todo el día. O porque el cansancio era excesivo y los cigarrillos disminuían de modo alarmante. Además tenía calor, mucho calor y un ventilador de tres velocidades que sólo funcionaba en la primera. Y la música... Déjenme hablarles de la música: mi tolerancia tiene límites, disfruté su canción ocho veces, ni una más. Era una ofensa y cantaba muy mal. Nadie se atrevió a mencionarlo pero el calor y su sonrisa burlona fueron lo último que resistí. Me levanté, caminé hacia el televisor y lo encendí a todo volumen; luego regresé a mi asiento y seguí como si nada hubiese pasado. Las miradas acusadoras no significaron nada, transmitían un programa acerca del proceso de embotellamiento de ciertos líquidos. Era todo lo que necesitaba. ¿Malos modales? No señor, ¡poca paciencia!.-

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escrito por tazerk a las 21:40 | email