8/10/2007 

.desavenencia (1)
Tania tocó tres veces.

—¿Estás ahí?
—No.
—¡Abre la puerta!
—No.
—¿Qué haces?
—Espera...

Escuchó el ruido de cristales rotos y el movimiento de algunos muebles. La puerta se abrió.

—Pasa.

Era un desastre, la habitación desordenada, las ventanas cubiertas con papeles y trozos de cartón. Libros, revistas, discos viejos y trastes sucios apilados encima de los muebles. Ceniza de tabaco en todas partes, manchas de café en el piso y las paredes. Un olor nauseabundo alrededor.

—Tres meses, creímos que habías muerto.
—No soy tan afortunado.
—¿De qué te estás escondiendo?
—No me escondo, me protejo.
—Vamos, salgamos de aquí, tengo algunas cosas que contarte.
—No puedo irme, debo esperar un poco más.
—¿Esperar qué?
—Creo que ya lo he olvidado.
—Sólo sígueme, iremos por algo de comida y luego regresamos.
—Ya te lo dije, no puedo salir, debo esperar un poco más.

Tania se marchó de mala gana.

Damián colocó de nuevo el sillón y la mesa sobre la puerta, fue a sentarse a una distancia considerable y abrió una revista con fotografías de la guerra fría. La hojeó, apenas lograba distinguir las notas al pie de las imágenes, decidió acercarse a la ventana y hacer un pequeño hoyo que dejara entrar algo de luz. Los tanques soviéticos le emocionaron, sintió pena por los niños; las banderas, los mapas, los uniformes y las explosiones le causaban gracia.

Tania regresó.

—Aún te gusta la pasta, ¿cierto?
—Sí.
—Bien.
—Me gustaría que mi nombre fuera Vladimir o Douglas.
—Me gusta tu nombre.
—Sí, creo que no está mal, pero tantos años con el mismo han hecho que me fastidie escucharlo.

Tania descubrió por completo una de las ventanas, limpió la única mesa, acercó un par de sillas y sirvió la comida. Se sentaron. Damián comía despacio, masticaba doce veces cada bocado.

"Hubo una época mejor", recordó de pronto, "en la que no tenía que depender de alguien que cuidara mis pasos, eran mis días de gloria, supongo, pero se evaporaron. Supongo que no jugué bien mis cartas y cometí demasiados errores. Supongo que el tiempo no cura nada, sólo hace que te acostumbres a tu desdicha y te convenzas de que siempre estuvo allí; así, en el peor momento, la amargura ya no es tan insípida y hasta permite algunos instantes de satisfacción. Todo es monotonía, pesadumbre y fracasos continuos. Todo es tan absurdo."

—¿Has pensado en lo siguiente? —Preguntó Tania mientras daba un sorbo a su bebida.
—No —respondió Damián agachando la cabeza.

Comieron despacio, se veían a los ojos intentando sacarse las palabras. Nada ocurrió. La cotidianidad los había consumido.-

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escrito por tazerk a las 05:01 | email