Crónicas de lo trivial: dos
Advertencia: En este post se habla de futbol, iba a publicarse el viernes pero lo olvidé, lo mismo sucedió ayer, por eso aparece hasta hoy.
Turquía, el país del que hace algunos años surgió Tarkan, vuelve a ser noticia en mi universo.
Hace tiempo mencionaba algunas de las citas dichas por Bruce Lee durante su vida, de ellas, una se repetía constantemente en mi memoria durante el partido de Turquía contra Croacia: “Al demonio con las circunstancias, yo creo oportunidades”. Turquía estaba demostrando que sólo así se puede hacer algo que valga la pena.
Su participación durante la Eurocopa 2008 no era algo destacable, el simple hecho de haber clasificado ya parecía suficiente. No era la favorita, tal vez ni siquiera los turcos confiaban en su selección. Pero los jugadores parecían tener una idea fija: demostrar que las oportunidades se crean si te esfuerzas lo suficiente.
Todo comenzó con su derrota ante Portugal. Ese 2 a 0 les dolió porque los hizo ver débiles. Los borró por completo de las estadísticas en las que, ya de entrada, aparecían como la selección más débil de su grupo; ya nadie confiaba en que lograran algo. Pero fue ante Suiza, una de las escuadras anfitrionas, que eximieron sus culpas cuando todo indicaba que el empate obtenido durante los minutos del tiempo reglamentario era todo lo que iba a suceder. Habían invertido el resultado. Sacaron de la lista al equipo local con dos anotaciones contra una. El dato curioso del encuentro: los tres goles fueron hechos por turcos.
Después, ante la República Checa estuvieron con el marcador en contra durante la mayor parte del juego, como antes, nadie esperaba que las cosas cambiaran, por eso un segundo gol de los checos no le quitó el sueño a muchos.
Las tribunas festejaban el evidente pase a la siguiente ronda de los checos, pues al encuentro le restaban pocos minutos; sin embargo, se habían olvidado de algo, en este juego, como en muchos otros, nada está dicho y todo es posible mientras el árbitro no señale el final del encuentro. Los turcos lo sabían, los checos estaban replegándose del lado de su portería, la ventaja que tenían de dos tantos parecía inamovible, sólo les restaba esperar el silbatazo final.
Era el minuto 74, Turan, uno de los mediocampistas turcos, toma el balón, avanza al arco enemigo y dispara. Anota pero el festejo dura poco, hay que continuar jugando, sabe que los dos goles de los checos aún pesan demasiado, pues un empate también los deja fuera de la siguiente ronda. Darse por vencidos no estaba dentro de las posibilidades. A los checos ya sólo les interesaba conservar la diferencia, dejaron de atacar para defender ese gol que aún los tenía clasificados.
Pero Turquía seguía luchando, se lanzaron al ataque, hubo un centro en el que el guardameta checo se dejó llevar por la aparente sencillez con que el balón se acercaba a su área; saltó con los brazos en alto, tuvo el balón entre sus manos pero ese día las cosas no le iban a resultar bien. Se le resbaló de entre los dedos y el número 8 turco, de apellido Nihat, empujó el balón al fondo de la portería y les devolvió la esperanza a sus compatriotas. Cech (el arquero checo) no podía creer lo que había sucedido.
El juego continuó, los comentaristas aún hablaban de la hazaña de Nihat y el descuido de Cech. El arquero turco hizo un despeje largo, hubo un toque, dos, tres y el balón llegó, otra vez, a los pies de Nihet, el capitán turco que sabía que un empate los dejaba fuera de la euro 2008, en ese momento, de nuevo frente a Cech, que tenía la oportunidad de reivindicarse, Nihet decidió que no debía pensar demasiado y disparó, tercer gol de Turquía, las tribunas y el resto de los que presenciaban el encuentro no podían creer la situación que se les presentaba, Turquía, para sorpresa de todos, le había dado una vez más la vuelta al marcador, con todo en contra estaban descalificando a los checos, se iban a cuartos de final dejando claro que la perseverancia es la clave del éxito.
La manera de jugar de los turcos comenzaba a llamar la atención de todos. Habían acabado con Suiza, le dieron una lección a la República Checa y todavía iban por más. Su siguiente rival era Croacia que tenían todo a su favor; venían de derrotar a Austria, a Alemania y a Polonia y sólo tenían un gol en contra.
Este encuentro era definitivo, ni turcos ni croatas –en la eurocopa– habían llegado a semifinales, era una oportunidad que no podían ignorar, debían darlo todo y así fue.
Durante los más de 90 minutos oficiales se mantuvo el 0 a 0; luego llegó la primera parte del tiempo extra y las cosas no cambiaron. Con la segunda parte parecía que el encuentro se resolvería en penales y no habría anotaciones, pero no fue así, al menos no totalmente.
El encuentro estaba por finalizar, los croatas se lanzaron al ataque con las fuerzas que les restaban, el arquero turco realizó una salida equivocada, no alcanzó a regresar a tiempo y cayó la primera anotación del partido, los croatas festejaban su triunfo inminente, la locura en un estadio donde la mayoría de los espectadores venían a animar a Croacia era impresionante. Parecía que todo estaba resuelto y que ya no había nada más que hacer.
Estaban por terminarse los quince minutos del segundo tiempo extra, se había señalado que sólo se agregaría uno más, la ventaja de los croatas y lo que restaba de tiempo parecía colocarlos en semifinales contra Alemania, pero una vez más los turcos se fueron al ataque con entereza; el balón cayó a los pies de Senturk y sabía que no tenía tiempo de nada, disparó apenas lo tuvo claro y consiguió igualar el marcador. Los turcos habían logrado hacerse de otro final inesperado, se quiso argumentar que el gol llegó fuera de tiempo –y era cierto, llegó en el segundo minuto que no se había planeado incluir–, pero ya nada podía revertir lo siguiente: el encuentro se decidirían en penales.
Los ánimos croatas habían sido anulados, les habían arrebatado el triunfo en el último segundo del encuentro. Esa frustración quedó reflejada en los espectadores, en el director técnico, en los que estaban en la banca croata, pero, principalmente, en los jugadores, se veían inseguros, molestos, desganados. Comenzaron los penaltis.
A Croacia le tocó iniciar y no lo hizo bien, el primer disparo salió desviado, el segundo no, el tercero fuera del arco una vez más y el tiro decisivo, ese que les indicaría a los croatas si debían conservar una esperanza por las semifinales o comenzar a pensar en el regreso a casa, lo detuvo el arquero suplente Rustu, pues el titular de Turquía había sido expulsado por comportamiento antideportivo en el encuentro disputado contra la República Checa. Con eso enmendó el error que los había llevado a intentarlo todo durante el último minuto de los tiempos extras, con eso se convirtió en un héroe momentáneo que los hacía soñar en nuevas posibilidades para su siguiente encuentro contra la impredecible Alemania.
El resultado: 3 a 1 (4-2, marcador global), a favor de Turquía, quienes merecían la victoria porque lucharon hasta el final por obtenerla y, para sorpresa de muchos y como reafirmación de la frase de Bruce, crearon sus propias oportunidades para conseguir eso que buscaban: el triunfo.
Lo que sigue es el enfrentamiento en semifinales contra Alemania, las desventajas son múltiples, la más importante, quizá, será la ausencia de varios jugadores turcos que han acumulado dos tarjetas amarillas en lo que va de la competición. Pero eso pertenece a una anécdota distinta.
El resto, por ahora, debe limitarse a que la historia del trayecto turco por la Eurocopa 2008 aún está por definirse.
Etiquetas: relatos
escrito por tazerk a las 01:01 |
